Debate por uso de pesticidas

Los agroquímicos no son malos en si mismos, lo peligroso es su mal uso. Esa es la opinión de decano de la Facultad de Agronomía, Gustavo Fernández, quien advirtió que si no hay controles más estrictos, el avance de la sojización va a llevar a Argentina al mismo destino que Europa, donde la aplicación irracional produjo una irrecuperable pérdida de biodiversidad.
"Pienso que el uso es indiscriminado, que están contaminando el suelo, nos están contaminando a nosotros y a todas las generaciones futuras", afirmó el docente universitario cuando desde Radio Noticias le pidieron una opinión sobre el uso de pesticidas y herbicidas. "Contaminan las napas y todo eso va a traer un perjuicio de la población", abundó.

Sin embargo, para Fernández es necesario marcar una distancia entre el uso y el uso indiscriminado. El uso en sí, señaló, no es malo. Lo preocupante es el uso indiscriminado de cualquier tipo de agroquímicos, que es posible porque "no hay control" de esta actividad. "No digo que siempre contaminen, pero el control no es tan bueno", reiteró.

Para Fernández, la raíz del problema es el "boca a boca", es decir, cuando un productor rural fumiga en base al consejo de otro productor pero sin control profesional. "Ahí el mal uso es gravísimo, cuando un productor fumiga con tal cosa sólo porque se lo dijo el vecino. Ahí es donde empiezan los casos de intoxicaciones en los chicos y otras cosas".

Agrocidio

"No seamos extremistas", aconsejó Fernández cuando el periodista le señaló que algunas personas comparan a las muertes por intoxicación con agroquímicos con un "Auschwitz a cielo abierto". "El mal uso es lo que contamina todo", insistió, tomando distancia de aquella aseveración. Si hay mal es porque no hay buenos controles. "Tiene que haber un uso racional, hay que ponerle límites a la aplicación", reclamó.

Si bien la venta de estos productos es responsabilidad de un ingeniero agrónomo, el problema es la circulación informal de estos agroquímicos. "Está el que le pasa un poquito al vecino, 'tomá, te doy un poquito de esto, y con esto matás los pulgones'. Pero junto con los pulgones matás al perro...", graficó Fernández para dar una idea de lo que puede pasar.

"Es como la automedicación, como el remedio que te receta el vecino. 'Si tenés fiebre, tomá tal cosa'. Y no es así".

Etica.

El decano consideró que el acercamiento entre universidades públicas y empresas privadas debe realizarse con reglas bien claras. "Hay una autonomía universitaria, pero también algo de ética para ver hasta dónde alguien puede trabajar para alguien", reflexionó. "La universidad recibe aportes de todos pero tiene que tener mucho cuidado con lo que hace". En este sentido, consideró que "nuestra facultad por suerte se ha trabajado bastante bien" en este tema.

El otro extremo es lo que ocurrió en Río Cuarto, donde un accidente dentro de las instalaciones universitarias produjo la muerte de alumnos y docentes que trabajaban en un proyecto vinculado a una empresa privada. "Ocurrió en un laboratorio de la universidad que estaba trabajando para una empresa privada, que era la que financiaba el proyecto", recordó Fernández.

Formación.

La Facultad de Agronomía tiene un programa de voluntariado sobre uso racional de agroquímicos. Está a cargo de la docente Marta Brusco y contempla charlas en los establecimientos escolares.

Los jóvenes que cursan esta carrera, deben aprobar una materia que se llama Terapéutica Vegetal. En ella "se enseña a aplicarlos y un uso controlado de las cosas", explicó el decano. La materia conlleva una "formación ética" de cómo manejar estos compuestos sin contaminar el ambiente.

El perfil profesional que brinda Agronomía "es un perfil amplio, porque el agrónomo tiene que salir para atender tanto a los productores grandes pero también a productores más chicos". Según anticipó, junto con el Colegio de Ingenieros Agrónomos, están elaborando un programa para "buscar alternativas a producciones chicas".

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