El debate por la inflación pide un empate amistoso

Por: Hernán de Goñi

A los empresarios no les sirve que los índices de inflación que mide el Indec estén bien procesados (como aseguran las autoridades del organismo) si los gremios con los que deben negociar salarios y los proveedores que le venden insumos se guían por otra realidad. A todos los agentes económicos les haría bien aceptar que el IPC está por debajo de 10% anual.

Pero si no lo hacen no es por la altísima penetración que tienen las mediciones de las consultoras privadas (que en los hechos ya no tienen difusión pública, a excepción del promedio que divulga el Congreso), sino porque el Gobierno no ha logrado revertir el descrédito que todavía tiene el ente que realiza esta tarea.

Cuando se organizó la consulta a las universidades y la formación del consejo asesor, se planificó una ronda de diálogo con el sector privado con la idea de respaldar la metodología en uso. Pero se diluyó en el tiempo, demostrando la poca fe que había sobre sus resultados.

Al Gobierno (también a los privados) le sirve que haya aumentos de salario real para sostener el consumo. Pero ese círculo no es virtuoso para todos. A las empresas les cuesta cada vez más financiar sus costos.

Si lo que se busca es preservar este ciclo de crecimiento, la pelea de la inflación no necesita un vencedor, sino un rápido y decoroso empate.

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