El debate no es por fondos, sino por el control

Hernán de Goñi

Cuando oficialistas y opositores discutieron en el Senado sobre el futuro de las jubilaciones sin ahondar demasiado en la evolución del empleo o en el resto de los gastos que administra el Estado, lo que salta a la vista es que si bien hay un debate en la superficie por el volumen de gastos que implica elevar la actualización de los haberes, la pelea de fondo es en realidad por el control del gasto.

El Poder Ejecutivo justificó públicamente el veto a la ley que fijó el 82% móvil para las jubilaciones, como un imperativo para evitar la quiebra del Estado. Pero gracias a sus propias recetas, ese riesgo hoy es menos amenazante de lo que hubiera sido en el pasado. Haber estatizado los activos que manejaban las AFJP (transfiriendo su renta al Tesoro) y permitir el uso de reservas para pagar deuda de acreedores privados, ayudó notoriamente a expandir el gasto público (las erogaciones primarias subieron casi 10 puntos del PBI entre 2003 y 2010).

El Gobierno tiene un modelo de reparto que es clave para su sistema de construcción de poder, y que pretende profundizar de cara a la elección de 2011. La oposición también da por sentado que con arrebatarle esa facultad le puede morder un capital electoral (nada menos que los jubilados). Por eso nadie se apura a hablar de financiamiento: los problemas vienen sin que los llamen.

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