Una interna municipal le terminó estallando entre las manos al Gobernador, sólo por que los hombres que debieran hacer política para él muchas condiciones no tienen y además no son demasiado afectos al trabajo.
Como Puerto Madryn tiene un porcentaje del 34 por ciento en ese programa, si no puede pagarlo ese costo recae inmediatamente en las comunas restantes, a las que no les sobra un peso para hacerse cargo de esa hazaña.
¿Por qué sucedió esto? Porque el bloque del FPV decidió recortarle sustancialmente el Presupuesto y la Ordenanza Tarifaria al intendente Sastre, con el objeto de obligarlo a aplicar un ajuste muy severo y producirle, en consecuencia, un daño político que le dejara rengueando la gestión.
Esa decisión causó dos problemas políticos graves y los dos terminaron en las manos de Buzzi y no en las de Eliceche. El primero de esos problemas es que los concejales del FPV fueron tan a fondo que terminaron tumbando un proyecto que debe ser inaugurado en pocas horas más por la Presidente, que se llama Cristina Fernández y tiene la ira relativamente fácil. Habrá que ver quién se anima a explicarle por qué los dirigentes que le responden hacen que sucedan aquí estas cosas, tan originales.
La segunda dificultad es más local, pero perjudica gravemente al Gobernador, ya que Sastre no sólo está convencido de que se opera para tumbarlo del cargo que ganó en una elección de la democracia, sino que además cree que Buzzi avala explícita o implícitamente esa aventura.
“El Gobernador no tiene nada que ver. Si a nadie de la política le conviene que por acción u omisión se desconozcan las reglas de la democracia, al Gobierno le conviene menos que a nadie”, explicó anoche un alto funcionario desde Fontana 50.
Es posible que este lunes bien temprano el intendente reciba garantías de que no hay aliento gubernamental para los que diseñan estas maniobras.
Con el diálogo roto entre Buzzi y Sastre y sin nadie que atendiera las señales nítidas de inquietud que llegaban desde Trelew y el resto de las comunas del Valle, el fin de semana se fue deslizando sin remedio hacia un conflicto que podría haberse evitado con apenas un poquito de eficiencia en la gestión política, pero eso no sucedió.
“Es Das Neves, si son todos dasnevistas”, le susurró en esas horas desastrosas un ministro al Gobernador, que también fue dasnevista, al igual que el ministro de los suspiros.
Es que el fantasma del ex – Gobernador ha comenzado a servirle a más de un funcionario como una excusa ideal para explicar por qué no se dan respuestas atinadas y en el tiempo preciso a los problemas que surgen alrededor de Buzzi, un hombre que parece protegido efectivamente por muy pocos y rodeado por un círculo de comentaristas extremos de una realidad que, cuando los supera, es sólo por lo que hace, dice o deja de hacer y decir Das Neves.
La excusa es ridícula y habla muy mal de los niveles de exigencia que se manejan en Fontana 50. Cualquier otro hubiera despedido a más de un colaborador, tanto por no haber advertido al Gobernador del agresivo nivel que tenía el conflicto de los porteros en Comodoro Rivadavia, como por desatender de manera tan pronunciada a un grupo de intendentes que son –nada más y nada menos-, que los jefes políticos de una población que suma más de la mitad del padrón electoral del Chubut.
Los concejales de Eliceche llevaron su obcecación hasta el final cuando pretendieron ofrecerle a Sastre destrabar las tarifas para el Girsu, con lo cual sacaban a su jefe del centro del conflicto, pero no remediaban la catarata de males que le provocarán al intendente los recortes practicados al presupuesto y la tarifaria.
Independientemente de lo que se piense de su gestión, Sastre es un político y nadie puede pretender que entregue mansamente lo que ganó en las urnas, que no es otra cosa que contar con las herramientas para desarrollar lo que ofreció al electorado.
Aunque esa es una verdad muy sencilla, en los alrededores del despacho de Buzzi sólo se hablaba de la necesidad de un castigo ejemplar por que el jefe comunal “se reunió con Das Neves”. Tan importante pareció ser ese encuentro imaginario, que buena parte de los aliados del Gobernador prefirieron hacer tronar ese escarmiento aunque en el medio se cayera la inauguración que presidiría o presidirá Cristina este martes.
Por qué tolera Buzzi estos perjuicios sin ningún beneficio comprobable para su Gobierno, por qué arriesga relaciones y proyectos propios en internas ajenas, es un interrogante de muy difícil respuesta que debiera ser despejado más temprano que tarde, bajo el riesgo de que sean las alianzas y los aliados los que terminen haciéndole difícil el trabajo al Gobernador, sólo por privilegiar las internas y los rencores.
Mirando muy desde afuera, es posible pensar a estas alturas que hay bastante gente en el Gabinete a la que sus responsabilidades les quedan objetivamente grandes y que esa carencia ya no es disimulada por las teorías conspirativas de los funcionarios o la obsecuencia de la prensa adicta.
Y para colmo el verano no termina de llegar.



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