Por: Julio Blanck.Una creación reciente de la propaganda kirchnerista, el Partido Judicial, parece haber tenido corta vida. O bien fue suprimido del índex oficial para funcionarios, legisladores y dirigentes, o se lo ha enviado a la congeladora hasta que asome otra ocasión propicia para volver a usarlo.
Para la rudimentaria estructura argumental del Gobierno, esos impedimentos temporarios, sostenidos por jueces y camaristas, confirmaban la existencia del tal Partido Judicial. Que venía a ser algo así como la confirmación de la sospecha germinada a fines del año pasado, cuando cinco jueces objetaron artículos y suspendieron la aplicación de la ley de medios.
"Acá está puesta la máquina de impedir, no quieren que Cristina gobierne", dijo desde la tribuna Néstor Kirchner. Por cierto, legisladores de la oposición, disfrutando lejanos días de gracia, habían acudido a la Justicia para impedir que el Gobierno cometiese actos que, según ellos, estaban reñidos con la ley. Los jueces opinaron que así era, al menos en ese momento.
La jueza Sarmiento, el juez Marinelli, la jueza Rodríguez Vidal, los camaristas del fuero Contencioso Administrativo fueron el blanco móvil de esos días. Se habló de jueces tabulados, alquilados, tarifados. Se dio personería al pretendido Partido Judicial, con el coro alcahuete graznando detrás.
Se hurgó en el pasado y se descubrió que el padre de la jueza Sarmiento, coronel del Ejército, está acusado por violación de los derechos humanos. Bien juzgado está. Los crímenes no son negociables. Lástima que no lo descubrieran antes, cuando la jueza no estaba en la mira.
El cascoteo obligó a la cautelosa Corte Suprema, que suele moverse como quien pisa sobre huevos frescos, a reclamar mesura. Cristina les enchastró la moderación: dijo que mesura le sonaba a censura.
Estas pequeñas anécdotas, tan reveladoras, contrastan con el silencio, también revelador, que los propaladores oficiales guardaron respecto de jueces que fallaron a favor.
Nunca se mencionó como miembro o simpatizante del Partido Judicial al doctor Oyarbide, que no encontró irregularidad alguna en el enriquecimiento de los Kirchner. Aunque quizás Oyarbide ahora corra el riesgo de ser lapidado porque se le ocurrió avanzar sobre los bienes de Ricardo Jaime, gran repartidor de subsidios desde la Secretaría de Transporte, y según siempre se dijo hombre de llegada directa a Néstor.
Tampoco fue mencionado jamás como militante del Partido Judicial, que se recuerde, el ex juez Federico Faggionatto Márquez, que quiso involucrar a Francisco De Narváez con la efedrina en plena campaña electoral, y que hace una semana terminó defenestrado por unanimidad, sin siquiera el auxilio de sus amigos kirchneristas.
Con la misma arbitrariedad, se echó un rápido manto de olvido sobre las iniquidades de ese Partido Judicial cuando el juez Lavié Pico avaló un reclamo por la integración de una bicameral, y dos cámaras del fuero Contencioso Administrativo terminaron dando vía libre al Gobierno para usar las reservas.
El fallo de una de estas cámaras fue notable. Cuestionó la forma y el fondo del propósito del Gobierno, pero le dijo a la oposición que la excepcionalidad que motivó los fallos anteriores había terminado, porque la cuestión ya estaba instalada en el debate del Congreso. Entre estos camaristas estaba la jueza Do Pico, que había actuado en sentido contrario en enero, lo que le valió ser incluida en la grosera andanada oficialista.
Nadie, desde el kirchnerismo, se detuvo en los días afiebrados a pensar si en verdad los jueces, con sus humanas limitaciones a cuestas, no hacían otra cosa que aplicar la ley según la entendían buenamente. Y que quizá siguieron haciendo eso. Fallaban en contra y por eso había que arrasarlos. Ahora, que los fallos vienen a favor, del Partido Judicial no se habla. Es una simple cuestión de presión y oportunismo, que descubre el pensamiento profundo del poder acerca del equilibrio institucional.
La maniobra fue demasiado grosera. Lástima que dos presidentes constitucionales se hayan embarrado en ella.




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