El sacerdote mendocino dirige una escuela y una parroquia. Niños con temor y madres dispuestas a que sus hijos se inmolen. El Rachel Corrie fue interceptado ayer por Israel.
En medio de tanta desolación, un sacerdote argentino está al mando de la única parroquia católica de Gaza. Jorge Hernández, del Instituto del Verbo Encarnado, con 34 años, dirige dos colegios con mil alumnos cada uno. La comunidad cristiana está compuesta por 2.500 personas, y el resto de la población es musulmana. “Hace un año que estoy en Gaza. La vida aquí es particular. Se vive en circunstancias terroríficas. El bloqueo se nota en todos los ámbitos”, aseguró Hernández a PERFIL desde Gaza.
“Gaza es una enorme cárcel. El bloqueo engendra día a día más odio. Las madres están dispuestas a que sus hijos se inmolen contra el pueblo de Israel”, le confió a este diario el padre Hernández, que abrió un hogar para chicos discapacitados junto al sacerdote Guillermo Fábrega. Los dos religiosos son los únicos argentinos en Gaza y ven con sus ojos las consecuencias del bloqueo que esta semana generó el repudio de la comunidad internacional.
Hernández reveló la escasez de suministros básicos como leche y harina. Además, los alimentos, que se venden a cuentagotas, ingresados en muchas oportunidades por los túneles subterráneos que conectan Gaza con Egipto, tienen precios exorbitantes y están fuera del alcance del grueso de la población.
El cura argentino también contó que tras el ataque a la “Flota de la Libertad”, las reacciones en las calles fueron inmediatas. La violencia brotó de la garganta de miles de palestinos, asfixiados por el bloqueo. “Muerte al pueblo de Israel”, gritaban hombres y mujeres, indignados por la agresión a los barcos pertrechados con 10 mil toneladas de alimentos y otros productos de asistencia humanitaria.
“La agresión no soluciona nada. Son actos que no ayudan a buscar la paz”, opinó Hernández, lamentando la muerte de los activistas humanitarios. El ataque puso en el centro de la atención internacional a esta pequeña porción de tierra de 360 kilómetros cuadrados y generó ayer multitudinarias manifestaciones en Estambul, Londres, París, Barcelona y Dublín.
En tanto que los palestinos se agolparon ayer en el puerto de Gaza a la espera de la llegada del buque humanitario Rachel Corrie, que fue interceptado sin violencia por el ejército israelí y escoltado hasta el puerto de Ashdod. “Muchos barcos más serán enviados a Gaza por organizaciones de solidaridad internacional en las próximas semanas en nombre de la justicia y de los derechos humanos”, aseveró Ahmed Yussef, viceministro de Relaciones Exteriores de Hamas, que gobierna desde 2007.
Las familias más postergadas en Gaza viven con menos de 250 dólares al mes. Muchos hombres que trabajaban en Israel perdieron su trabajo desde que comenzó el bloqueo, una medida decidida por el gobierno israelí para presionar a Hamas y garantizar su seguridad.
Sin embargo, uno de los aspectos que más contrastan con el drama social es el nivel de instrucción de la población. A pesar de la pobreza acuciante, 99% de los palestinos están alfabetizados. “La gente es muy culta, busca educarse, leer, terminar la secundaria y los estudios universitarios. Pero la carencia de trabajo es muy grande. Hay ingenieros que están desocupados en sus casas sin hacer nada”, afirma el padre Hernández. “Pero las consecuencias de la guerra provocan en los niños reacciones de miedo y de violencia y problemas de concentración en las escuelas”, confesó el religioso argentino.
Rehenes del enfrentamiento entre Israel y Hamas, otra de las preocupaciones que tienen los habitantes de Gaza es el precario nivel sanitario. “No hay ningún hospital que trate a los enfermos de cáncer y en los centros de salud faltan suministros esenciales. Cuando la gripe A atacó a la población, la gente esperaba que les tocara contagiarse y morir”, relata con crudeza Hernández, el sacerdote que cambió su San Rafael natal por Gaza, una tierra regada por la sangre, la destrucción y el olvido de la comunidad internacional.
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