WASHINGTON (De nuestra corresponsal).- La facilidad para acceder a armas de fuego y el escaso control que se ejerce sobre la situación de personas con desequilibrios mentales forman un peligroso cóctel en este país, sacudido a menudo por episodios como el de ayer en Colorado, en el que un joven abrió fuego en un cine y dejó 12 muertos y 59 heridos.
La cultura del rifle es un tema delicado en esta sociedad, donde cada paso para regular y restringir la tenencia de armas de fuego tropieza con poderosas resistencias. Una cuestión frente a la cual los políticos, del partido que sean, suelen mostrarse cautos.
En buena parte de los estados que conforman la unión, las principales restricciones para acceder a armas de fuego las padecen los menores de 21 años y las personas con antecedentes penales, así como los inmigrantes indocumentados. Todos los demás tienen relativamente escasa dificultad para acceder a una.
En la mayoría de los casos, es el vendedor de armas el que debe efectuar una "evaluación" de las condiciones psíquicas de quien compra un arma. Eso sucedió hace casi un año y medio con Jared Lougher, el joven de 22 años que disparó en un acto proselitista en Tucson, y mató a tres personas e hirió gravemente a la congresista Gabrielle Giffords.
Al igual que él, James Holmes, que ayer se disfrazó del Guasón -el villano del cómic Batman - y mató a 12 personas en el estreno del último film de la saga, fue legalmente considerado apto para poseer su arsenal.
Lo mismo había pasado antes con el estudiante de origen coreano de la Virginia High Tech University, que mataron a 32 de sus compañeros. Nadie vio problema alguno en ellos que desaconsejara venderles un rifle.
Tal como ocurre en estas circunstancias, el debate sobre ese estado de cosas se reavivó ayer. La Casa Blanca se defendió diciendo que se está "avanzando mucho en el tema", según dijo el vocero Jay Carney. Nadie se sorprendió cuando no pudo dar precisión alguna al respecto.
"Estamos haciendo progresos en ese sentido, en términos de mejorar el volumen y la calidad de la información sobre antecedentes [de compradores de armas], pero no tengo mayores novedades que comunicarles", añadió.
Ese es uno de los puntos que se le reprochaba al presidente. "La verdad, es decepcionante ver lo poco que ha hecho [Barack] Obama al respecto", dijo, por caso, Josh Sugarmann, director ejecutivo del Centro de Análisis sobre Violencia Política, de esta ciudad, en diálogo con periodistas.
Culpar sólo a Obama, tal vez, no sea justo. En el mundillo político de este país, existe un temor reverencial por el poder que se le atribuye a la Asociación Nacional del Rifle (NRA), una organización defensora de la posesión de armas, a la que se le reconocen suficientes recursos como para interferir en política.
Uno de los reproches que públicamente se le hicieron tanto al presidente como a su adversario republicano, Mitt Romney, fue que ninguno de los dos dijera nada al respecto en sus reacciones iniciales a la tragedia.
"Yo no debo decirle al presidente qué es lo que debe decir, pero sí es verdad que es hora de que hagamos algo con este asunto", admitió anoche el alcalde de Filadelfia, el demócrata Michael Nutter, quien se hizo famoso por poner en marcha un programa por el que "envía a prisión" a todo aquel que sea sorprendido con un arma sin el permiso del caso..

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