Cultura en jaque: polémico apoyo del gobierno a los Wachiturros

Cultura en jaque: polémico apoyo del gobierno a los Wachiturros
El Ejecutivo provincial decidió respaldar y legitimar al grupo de cumbia, cuyas letras provocativas hasta reivindican la violencia de género. Fuerte cachetazo a la cultura popular.
"Se debe nivelar para arriba”, solía decir ese gran pensador nacional que fue Arturo Jauretche cada vez que se refería a la necesidad de desarrollar y revindicar la cultura popular.

Jauretche destacaba la cultura popular que revalorizaba lo autóctono, basada en prácticas sociales genuinas que hacían a la felicidad del pueblo, en clara contraposición a lo que llamaba la “tilinguería” de la oligarquía, que buscaba “azonzar” a los sectores populares. Ahora la “tilinguería”, en pleno siglo XXI, viene en nuevos formatos, como son las letras de los seudogrupos musicales al estilo Wachiturros.

El megarrecital que organizó la semana pasada el gobierno bonaerense en Mar del Plata, contratando al mencionado grupo de cumbia villera, que actuó en un escenario que le costó al Estado bonaerense unos 5,8 millones de pesos, abrió la polémica. ¿Corresponde que el Estado legitime a este seudogrupo musical, con letras que reivindican las prácticas delictivas y que utilizan un lenguaje absolutamente soez?

“Ella quiere látigo, turro, dame látigo”, dispararon los integrantes de Wachiturros -McCakito, Gonzalito, Leito, Kaká, Coqqi y Emmanuel- desde el escenario, impulsando así una suerte de moda estrechamente ligada con exaltar cuestiones cercanas a la criminalidad que hasta reivindican la violencia de género.

Lo que meses atrás parecía ser apenas un golpe de efecto ya se convirtió en una constante en el mundo político. Por eso, la contratación del gobierno bonaerense, esta temporada, no es una excepción. El año pasado, en su cierre de campaña, Alberto Rodríguez Saá apeló al quinteto de adolescentes más famoso de la Argentina para promocionar su plataforma electoral.

Deformación del lenguaje

A todo esto se le suman varios reclamos de distintos artistas, quienes hablan de plagio en las canciones popularizadas por el quinteto. Y como si fuera poco, también está en el eje de la discusión la -por lo menos- curiosa deformación del lenguaje en cada una de las letras de los Wachiturros, donde es común que aparezcan términos impropios del argentino medio, como “pilla”, “burra”, “gata” o “choke”.

En la historia de los Wachiturros no todo fue color de rosa y en el camino a la fama aparecen varios puntos negros. Tan es así que, una vez conocidas las mieles del éxito, la banda sufrió una escisión cuando Simón Gaete, el cantante original, se sintió traicionado y decidió no acompañar a los otros miembros en la firma de un contrato con la productora Akkua, que se encargó de registrar el nombre de la agrupación. “Ellos son amigos de mi infancia, íbamos al mismo jardín, a la misma escuela. Compartimos todo. Ahora les llenaron la cabeza y nos tuvimos que pelear”, reconoció el exintegrante.

Una llegada acotada

Ante una consulta de Hoy, la investigadora María José Hooft señaló a Hoy que, con los Wachiturros, “hay una opinión que es muy visible y muy clara, que tiene que ver con el perfil popular que quizás el gobierno pretende dar para llegar a una cierta clase de gente. La realidad es que la influencia de los Wachiturros es muy acotada, apunta a un grupo muy específico, pero no abarcan un grupo mayoritario de la Provincia”.

A la hora de explicar el fenómeno y de analizar lo que podría suceder en los próximos años, Hooft aseguró que “de acá a las próximas elecciones estamos lejos, y quizás los Wachiturros ya hayan desaparecido, porque seguramente va a ser muy efímera la fama de ellos y seguramente se va a levantar otro grupo”.

“Yo, desde mi concepción, no lo llamaría una tribu urbana, lo llamaría una moda entre los adolescentes y los jóvenes, como en su tiempo fueron los floggers. Una tribu urbana es algo diferente, con mucha más consistencia y otros factores, pero en este caso es una moda y no sabemos si para cuando toque de vuelta votar estarán ellos o estarán otros. Y solamente es un grupo o una subcultura que alcanza con su mensaje a una parte numerosa, pero acotada y específica, de la población”, concluyó la experta.

EN FOCO

Artistas populares y un grosero error gubernamental

No es incorrecto que la Provincia haya invertido 5,8 millones de pesos para montar un escenario que sirve para que miles de turistas que veranean en la localidad turística más popular de la Costa Atlántica puedan acceder a recitales gratuitos. El ocio y la posibilidad de acceder a espectáculos culturales y manifestaciones artísticas es un derecho que tienen todos los ciudadanos.

La semana pasada, en ese escenario de “La Feliz”, actuaron artistas como los Pimpinela, Cacho Castaña, Palito Ortega y Soledad, quienes podrán gustar o no, pero tienen una trayectoria más que respetable, con numerosos seguidores, y hacen una música que no es ofensiva. El problema radica en el lugar que se les dio a los Wachiturros. Realmente, llama la atención que el gobernador Daniel Scioli, que suele rodearse de artistas y que gusta de las manifestaciones culturales, se haya equivocado tanto.

Lo popular nada tiene que ver con el mensaje que dan este tipo de grupos musicales, que suelen ser creados por empresarios que buscan beneficios económicos en los sectores más marginales de la sociedad. Marx hablaba de lúmpenes al referirse a los elementos de la sociedad degradados, desclasados y no organizados del proletariado urbano, así como aquella parte de la población que para su subsistencia desarrolla actividades al margen de la legalidad (delincuencia, corrupción, prostitución, etc.).

El propio análisis etimológico de la palabra Wachiturro es controvertido. Wachi alude a guacho, término que en la Argentina suele ser utilizado para referirse a una persona ruin o despreciable, mientras que turro es otra palabra que es usada para hablar de sujetos malintencionados.

El gobierno bonaerense podría haber visto lo que está sucediendo en otras zonas del país con la auténtica música popular. Por ejemplo, el festival de chamamé que se celebra en Corrientes está convocando a una verdadera multitud, atraída por manifestaciones artísticas que tienen un profundo arraigo en el litoral argentino.

Lo mismo puede verse en otros festivales folclóricos, donde artistas como Los Nocheros o “El Chaqueño” Palavecino también movilizan multitudes, con temas que no incluyen letras que incentivan la violencia ni tienen un lenguaje soez. Además, hay numerosos grupos de rock nacional -que también representan una parte importante de la cultura popular (especialmente entre los jóvenes)- que tenían muchos más méritos artísticos para ocupar el lugar que se les otorgó a los Wachiturros.

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