Culpas propias y ajenas sobre la acción piquetera

Si todo se cumple tal cual lo anunciado, para el intendente de Tartagal, Sergio Leavy, la semana comenzará en un nuevo hogar.
Será una casa ubicada en el Regimiento de Infantería del Ejército de esa ciudad. El motivo de la mudanza: las graves y reiteradas amenazas telefónicas y el temor por la seguridad de su familia. Ya se sospecha que los autores serían líderes piqueteros que pusieron su atención y el interés personal en el fondo de reparación histórica. Se dice también que estaría identificado el celular del cual partieron las amenazas que llegaron incluso al domicilio del padre de Leavy, en Metán.

Pese a la gravedad de los mensajes, la atención está puesta en la actitud política de Leavy. Algunos sectores del Partido de la Victoria, hablan de inconducta, ya que políticamente no es aceptable, desde la más profunda doctrina kirchnerista, que uno de sus miembros busque refugio y seguridad en los cuarteles del Ejército. Pero esto no podría haber pasado por alto para el intendente Leavy; el jefe comunal nunca desconoció el efecto de su determinación.

Muchos sostienen que la decisión entonces es un claro mensaje hacia el gobierno provincial, aunque vale preguntarse qué pudo haber pasado para que un líder político del kirchnerismo adopte tal determinación.

La respuesta podría ser más simple de lo que parece. La protesta social ha tomado rumbos vandálicos y ha superado los mismo esquemas políticos que la promovieron.

En algún momento de la historia, los pique teros no sólo fueron aceptados por la comunidad tartagalense, sino también ungidos como legítimos representantes del reclamo social. Pero esa protesta, que adoptó para sí la bandera de la inclusión social, superó los límites de las leyes y el abuso se instauró como una herramienta de uso frecuente. Cortaron las rutas cuantas veces quisieron, impidieron la libre circulación de miles de personas, extorsionaron cobrando peajes inauditos, amenazaron con volar plantas de hidrocarburos. Se hicieron dueños y señores del caos, la manipulación y la anarquía.

Para Leavy fue un logro político haberlos retirado de la ruta y darles contención con obras municipales, aunque la endeble política subsidiaria hoy está evidenciando el camino equivocado. Faltan políticas para crear empleo genuino y aunque hay buenas intenciones, la actitud prepotente y despechada ya se hizo carne en varios de los autodenominados líderes sociales del norte salteño.

Comentá la nota