"Soy inocente y no sé por qué me acusan, sólo soy culpable de no haber ayudado a Tomi." Así se manifestó Adalberto Cuello, el único acusado por la muerte de Tomás Dameno Santillán, el nene de 9 años asesinado a golpes en noviembre pasado en Lincoln.
"No sé lo que pasó, sólo sé que jamás le haría daño a Tomi", expresa de puño y letra el único acusado por el crimen de Tomás, quien fue visto con vida por última vez el martes 15 de noviembre, cuando salió de la Escuela Nº 1 rumbo a su casa, pero nunca llegó a destino.
Según publicó Perfil en su edición dominical, Cuello nunca había estado detenido ni tiene antecedentes por otros delitos. Apenas apareció el cuerpo de Tomás fue alojado en los calabozos de una comisaría de Los Toldos, ubicada en el partido de General Viamonte. Sin embargo, y por seguridad, al día siguiente fue trasladado a la Unidad 49 de Junín, ubicada sobre la ruta 188, en el kilómetro 162, y puesto en una celda de aislamiento.
"Desde allí, y a poco de cumplirse el primer mes de la muerte de Tomás, el acusado, de 36 años, vuelca todo lo que siente en una hoja tamaño A4", propone. Y deja abierta la expresión del acusado a través de su carta, donde dice que está "viviendo en un infierno" y que la situación lo "está matando: no aguanto más".
En la misiva Cuello reitera en dos oportunidades "ser inocente" y, como si fuera un grito sordo y desesperado, pide que "se haga justicia".
Si bien en la carta el acusado no se refiere a la relación que mantenía con Leonor Santillán, la mamá de Tomás y el hijo que tenían en común, el hombre aprovechó el texto para enviar sus condolencias a ella y el padre del nene, Fabricio Dameno.
"Esto me mató a mí, a mi familia, a Leonor y al papá de Tomi", acusa en el manuscrito que envió a Perfil, donde además se muestra esperanzado en salir de la "pesadilla" y entiende que el crimen del nene "se va a aclarar".
Encierro
Luego de su detención y posterior traslado a la Alcaidía de Junín, Cuello fue alojado en una celda de aislamiento donde estuvo al cuidado de al menos cuatro guardias del servicio penitenciario, que lo custodiaron día y noche para evitar cualquier agresión. Así estuvo hasta la última semana, cuando las autoridades cambiaron el régimen y lo enviaron a un calabozo más grande y confortable, que comparte con otros tres internos.
De acuerdo a la versión de sus allegados, Cuello está más tranquilo, no sufre "agresiones verbales" y "mejoró la relación" con los internos. "Se lo ve anímicamente más tranquilo y animado", contó su abogado Hugo Icazati.
Según las fuentes, el acusado es visitado habitualmente por su padre, quien concurre al penal, por lo menos, dos veces por semana. El último jueves, y por primera vez desde que está preso, pudo estar con su madre, María Eva Melo, quien le llevó de obsequio dos fotos del pequeño hijo que tuvo con la mamá de Tomás.
Cuello está acusado por "homicidio agravado por ensañamiento". En su declaración indagatoria negó haber tenido cualquier tipo de vinculación con el hecho.
"Tomás era un santo, nadie tenía problemas con él", le confesó al fiscal penal Javier Ochaizpuro, a cargo de la investigación, agregando que al nene nunca le había pegado, aunque acotó que sólo una vez lo agarró "de la oreja".
Comentá la nota