Dos ministros y varios legisladores oficialistas tienen vínculos con la dictadura. En una entrevista con PERFIL, un hermano de Piñera comparó a Allende con Hitler.
Cercado por el legado pinochetista, Sebastián Piñera cumplió ayer sus primeros 100 días de gobierno, signados por la reconstrucción tras el devastador terremoto y por el resurgimiento del debate acerca de la dictadura. En repudio de las declaraciones del artífice de las jubilaciones privadas, el ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter lo criticó públicamente y rechazó las comparaciones entre Allende y Hitler.
La controversia sobre la influencia del pinochetismo en el oficialismo surgió durante la última campaña presidencial. En esa oportunidad, el actual presidente aseveró que no era pecado haber integrado el gobierno militar, adelantando la futura conformación de su gabinete. Al asumir, Piñera nombró a dos ministros con pasado dictatorial. Cristian Larroulet, designado por el primer mandatario como secretario de la Presidencia, fue jefe de gabinete en el Ministerio de Hacienda durante la dictadura y miembro de la Comisión Nacional de Privatizaciones. Además, integró el Instituto Libertad y Desarrollo, un centro de estudios vinculados a la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido más cercano a Augusto Pinochet.
El otro ministro de Piñera que apoyó al dictador es Joaquín Lavín, designado al frente de la cartera de Educación. El ex candidato presidencial de la UDI fue decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Concepción en los 80 y apoyó la campaña del Sí a Pinochet. A su vez, asesoró a la Oficina de Planificación Nacional. “Son cosas del pasado, es parte de la historia, pero en el Chile de hoy da lo mismo”, aseveró Lavín en febrero antes de aceptar la cartera de Educación.
Pero los ecos del pasado no fueron patrimonio exclusivo de los dos ministros. Durante la última semana, legisladores del oficialismo apoyaron al ex diplomático Miguel Otero, que aseguró que “la mayoría de los chilenos no sintieron la dictadura”. Al respecto, el diputado de la UDI Enrique Estay aseveró: “Es hora de que nuestros diplomáticos empiecen a contar al mundo una versión completa sobre el 11 de septiembre y el gobierno militar”. En tanto, Carlos Larraín, presidente de Renovación Nacional, acentuó aún más el enfrentamiento entre la Concertación y el gobierno, al asegurar que Chile estaba ante la presencia de “una nueva policía del pensamiento”. Mientras los parlamentarios reivindicaban su visión del pasado, la sombra de Pinochet se extendía nuevamente al otro lado de la cordillera.


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