Cuáles son los ejes de la estrategia de defensa

Cuáles son los ejes de la estrategia de defensa
En la distancia del tiro y la ubicación de Soria, la clave.

Afirman que la muerte pudo ser por asfixia.

Tres pilares de la estrategia de la defensa quedaron hasta ahora al descubierto en el juicio por el asesinato de Carlos Soria: que Susana Freydoz actuó presa de un "episodio maníaco" que afectaba el dominio de sus actos; que Soria no estaba inerte en la cama al momento del disparo sino posiblemente forcejeando con su esposa, y que el entonces gobernador no recibió adecuada atención médica de emergencia tras haber sido baleado y pudo morir asfixiado con su propia sangre antes que por la severa lesión cerebral causada por la bala.

Ayer el defensor Alberto Riccheri consiguió sentar algunas bases para su alegato y logró que uno de los peritos admita un posible margen de error en la reconstrucción hipotética de la escena del crimen, que se formuló en base a los primeros testimonios, a la disposición de los objetos en la habitación y al lugar donde quedaron las principales manchas de sangre de la víctima. Lo que buscaba la defensa era que los expertos admitan haber dado por sentadas la ubicación y la posición en que estaba Soria al momento del disparo y que distintas hubieran sido sus conclusiones si se hubiera evaluado alguna posición alternativa.

Es que para la fiscalía, los policías de Criminalística que inspeccionaron la casa y los peritos que analizaron la escena, Soria estaba desnudo, acostado en la cama matrimonial -al medio o levemente sobre el lado derecho-, boca arriba, con las piernas cruzadas y en posición de descanso; con las manos a un costado del cuerpo y una almohada bajo su cabeza, y no tuvo siquiera un reflejo de defensa cuando el balazo parecía inminente. Para la defensa, en cambio, el panorama era muy distinto y Soria no estaba en actitud pasiva. En este aspecto, Riccheri tiene a su favor la presunción de inocencia y no está obligado a demostrar con certeza si hubo un forcejeo y si en esas circunstancias se produjo el tiro: le alcanza con sembrar la duda en los jueces.

"El hecho no ocurrió absolutamente como se lo describe. Esta defensa busca destruir el croquis sobre el que se basa la pericia de Salta y situar el hecho en otro espacio dentro de la habitación y en otras circunstancias. No hay ninguna prueba que demuestre con certeza que (Soria) haya estado acostado de la manera en que se dice", sostuvo el defensor al finalizar la audiencia de ayer. También dijo -como lo había hecho días atrás- que todos los estudios sobre la zona del impacto del proyectil se hicieron sobre una muestra de piel que había sido "lavada con un chorro de agua al menos tres veces, frotada en 27 oportunidades con papel absorbente y presionada con guantes de goma de punta rugosa". "A ninguno de los peritos se les informó esta circunstancia" antes de que analicen el tejido extraído del rostro, criticó el defensor.

Su interés en sostener que la herida fue excesivamente lavada y manipulada apunta a su hipótesis de que el tiro fue a corta distancia, incluso a quemarropa, y que pudo producirse durante un forcejeo. Como los peritos no hallaron en la lesión los típicos rastros que deja la pólvora en los disparos producidos a menos de 10 centímetros, el defensor intenta demostrar que una parte de esas partículas pudo ser eliminada con el lavado y otro tanto se pudo haber perdido por el profuso sangrado que se mantuvo durante las horas posteriores al crimen, incluso durante la autopsia. Este eje de la defensa fue desestimado por el médico legista que declaró ayer en el juicio y esa contraposición generó varios momentos de tensión entre el defensor y el perito. (ver aparte)

La última carta de la defensa se jugó ayer con la declaración del médico roquense Delfín Francisco Delgado, contratado como perito de parte. El profesional cuestionó severamente la tarea policial en cuanto al resguardo de la escena del crimen y criticó el procedimiento de la autopsia, en especial la limpieza de la herida y la disección del trozo de piel que luego sirvió de soporte para las pericias. También afirmó, en base a la historia clínica que consta en el expediente, que Soria no recibió la más adecuada asistencia en la ambulancia mientras era trasladado al hospital.

La sangre en el arma

Describiendo las manchas de sangre detectadas en el revólver -con goteos tipo salpicadura y tipo "spray"- el perito comenzó su exposición. Dijo que encontró "118 manchas de sangre sobre el arma, en 12 o 13 sectores diferentes". Uno de esos sectores es debajo del gatillo. Y cuando la fiscal le preguntó cómo pudo haber llegado ahí una microgota de la sangre de la víctima, Delgado lo ejemplificó con el arma de fuego en sus manos. El reluciente revólver calibre 38 Smith & Wesson que acabó con la vida del gobernador se exhibió así ante el público por primera vez y el perito afirmó que ante una hipótesis "de forcejeo" el cañón del arma pudo haberse desplazado hacia arriba y así la salpicadura alcanzar la base del arma.

Cuestionó que nunca se analizó la muestra obtenida con un hisopo del interior del cañón del revólver. "Si ahí hubiera existido sangre no podía ser más que el backspatter", enfatizó el perito. Esa palabra (backspatter) representa un tipo especial de salpicadura "de retorno" que se produce normalmente en las heridas de bala producidas a muy corta distancia o a contacto con la piel de la víctima.

La "contaminación" del lugar del hecho fue otro de los puntos que recalcó Delgado, así como el "pisoteo" de una mancha de sangre cerca de la cama.

Sobre la asistencia médica que recibió la víctima, apuntó que pudo haber muerto asfixiado. Según estimó, las manchas de sangre del colchón, la almohada y el toallón con el que fue limpiado Soria en el primer momento implican una hemorragia de entre 750 y 1.500 mililitros. "No es mortal esa pérdida", enfatizó.

A su criterio, sí pudo ser mortal la aspiración de sangre. "El principal riesgo en este tipo de lesiones es la muerte por asfixia", sostuvo el perito basado en estadísticas.

Aseguró que la ambulancia que trasladó a Soria estaba "muy bien equipada". "Tiene un desfibrilador con paletas aptas para medir el ritmo cardíaco y tres sistemas de aspiración" de los líquidos que ingresan a las vías respiratorias, pero "no se usó ninguno y las maniobras de reanimación son inútiles si no se aspira la obstrucción de la vía aérea".

También cuestionó que el paciente fue colocado sobre una camilla blanda y que en esa superficie el "masaje cardíaco es totalmente ineficiente".

En la ambulancia, recalcó, Soria no fue intubado y en el hospital tuvieron dificultades para hacerlo "porque tenía demasiada sangre".

El tribunal no le permitió a Delgado aportar sus conclusiones sobre la autopsia porque él no estuvo presente en esa diligencia. La defensa entonces dejó asentada su reserva de casación por la inadmisión de la prueba.

De todos modos, cuestionó que en el trozo de piel que se mandó a analizar tanto a Salta como al cuerpo de peritos de la Corte Suprema no se incluyó el sector donde Delgado había detectado puntos que consideraba "importantes" para su hipótesis del disparo a quemarropa.

"Cuando hay un disparo a contacto firme los residuos van hacia adentro y en este caso no se buscaron en la cavidad del seno maxilar izquierdo ni se analizó el hueso", concluyó el médico.

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