La educación es una cuestión de Estado ¿Le suena esta frase? Claro que sí, porque la repiten a menudo los funcionarios en toda oportunidad de pronunciar discursos laudatorios del Modelo Formoseño.
No hay más que recorrer los establecimientos de cualquier nivel o sector de la ciudad para comprobar lo que aquí se afirma. Unidades nuevas o recientemente remodeladas o refaccionadas a nuevo, muestran huellas inequívocas del deterioro que experimentan a poco de ser entregadas a sus respectivas comunidades. Paredes y cielorrasos con fisuras; baños que no funcionan o lo hacen en condiciones de casi total insalubridad; sistemas de provisión de agua potable con fallas a veces muy graves; en fin, todo un menú de irregularidades que no tendrían porqué registrarse en locales nuevos o remodelados recientemente.
La mayoría de los establecimientos ?por no decir todos- no tienen personal de maestranza (porteros, en la antigua jerga escolar) con cargos de planta permanente o contratados, pero remunerados por el Estado tal como debe ser, porque los que se han jubilado o fallecido no son reemplazados por otros en igual situación de revista. Sus cargos presupuestarios desaparecen por razones de economía (léase Ley de Emergencia Económica), y se los reemplaza por personas cuyos sueldos pasan a ser responsabilidad de las asociaciones cooperadoras con situaciones financieras no precisamente brillantes, en razón de una marcada bajante en el cupo de asociados que las sostienen con el pago de las cuotas.
La lista de problemas no se agota en lo expuesto, por lo que los directivos y docentes deben obrar milagros para poder desarrollar su labor pedagógica en condiciones extremas y convertidos en verdaderos sándwiches humanos, a los que por arriba les exigen los funcionarios del área, y por abajo los padres, que también requieren lo suyo en cuanto al nivel de la formación que piden para sus hijos.
El último invento surgido de los laboratorios de Educación ha sido poner la limpieza de los establecimientos bajo la responsabilidad de cooperativas formadas por grupos de personas insertas en el programa ?Argentina, trabajo para todos? (si no me equivoco), cuya labor deja mucho que desear, para ser sinceros, dado que la limpieza e higiene de los locales escolares muestran falencias muy marcadas y atentatorias para la salubridad de docentes y alumnos, con el agravante de que todo parece indicar que las funciones de dicho personal fenecerán el 31 del mes actual.
A todo esto, surge una pregunta recurrente. ¿Porqué se ha puesto al frente de la cartera educativa a un profesional de la Medicina, una rama completamente distinta a la que corresponde para tan importante función como lo es la de educar y formar al soberano? Aclaro que los problemas enunciados no surgieron con el arribo del actual responsable del MCE Nada de eso. Pero quizás colocando a un docente con antigüedad e idoneidad suficiente (que los hay, sin dudas) las cosas podrían comenzar a mejorar de a poco. ¿Qué tal un Maestro al frente de la cartera sanitaria? En esta Formosa del Nuevo Hombre (¿?), todo parece ser posible.
Si realmente se quiere tratar a la educación como una cuestión de Estado, es hora de poner las cosas en su lugar y terminar con tantos discursos de campaña engañabobos y a todas luces vacíos de contenido real, en beneficio de chicos y jóvenes hijos de esta sufrida y manoseada provincia, tantas veces objeto de críticas no siempre inexactas o falsas, como pretenden hacerlas aparecer conocidos funcionarios, representantes (diputados y concejales), personajes locales y empresarios, muy acostumbrados a compartir las mieles del poder.
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