Una “cuentera” que recorre los pueblos con miles de historias

Desde hace 4 años Gabriela Lubarsky trabaja con vecinos de pequeñas comunidades formando grupos de narradores, que son vecinos que tienen la necesidad de contar un cuento y compartirlo con sus pares
“Soy narradora oral.., no mejor poneme cuentera”. De esta forma se presenta Gabriela Lubarsky, quien desde hace cuatro años recorre las localidades y ciudades de la región dictando talleres y descubriendo entre los vecinos a cuentistas y narradores.

Hoy esta experiencia que comenzó tímidamente en Bengolea con un grupo de vecinos que se sumaron y empezaron a leer, escribir y narrar cuentos propios o de la literatura, ha replicado también en General Cabrera, Río Cuarto, Ucacha, Sampacho y Alcira Gigena.

La idea es despertar el espíritu creativo en cada uno, y dar la oportunidad de compartir momentos y encontrar en los cuentos una nueva vía de comunicación.

“Yo soy cuenta cuentos desde hace varios años. Vivo en La Plata y mi actividad siempre la desarrollé allí y en Buenos Aires. Esporádicamente viajaba a Córdoba, y mi historia familiar, mi infancia está muy ligada a Bengolea. Es una cuestión afectiva que me une”, señala esta narradora, que se dedica a brindar herramientas a todos los vecinos que de entre 12 y 86 años tiene la inquietud de contar un cuento, sea propio o la interpretación de obras de otros autores.

Gabriela señala que en uno de esos viajes al interior del interior observó que podía desplegar su función de docente en pueblos: “Yo estaba desplegando esta tarea en La Plata, y pensé, allá hay un montón de gente que puede llevar adelante la actividad, pero en pueblos chicos no. Así nació mi inquietud”.

Fue así que en principio comenzó a narrar ella los cuentos, pero luego sumó el dictado de talleres de tres días abiertos a toda la comunidad. El punto de partida fue Bengolea, allí adolescentes, adultos y hasta ancianos se acercaron y comenzaron a descubrir un mundo hasta el momento desconocido por ellos.

“En estas localidades pequeñas que pareciera que no pasa nada hay un montón de potencialidades. Yo soy una ferviente creyente de que los cuentos son una maravillosa herramienta de comunicación, de despliegue de creatividad”, señala esta cuentera, tal cual le gusta que la llamen.

Fue así que, casi tímidamente, comenzaron a sumarse vecinos con la inquietud de escuchar un cuento, y luego pasar a ser ellos los transmisores de alguna historia. “Es muy interesante porque mucha de la gente que participa opera un cambio profundo, hasta en la relación con los demás. Es así que algunos se acercan y me dicen que hasta ha cambiado la relación con algún vecino, con aquel que se cruzaba todos los días”.

Consultada sobre qué es lo que motiva a la gente a acercarse y formar parte de estos talleres, dijo: “La motivación es personal, individual y privada. Se dan cuenta que tenían ganas de participar porque siempre les gustó contar cuentos, porque tienen cosas escritas o quieren empezar a escribir. En realidad, no saben bien, lo cierto es que una vez que se acercan no se alejan, porque encuentran en esto una nueva manera de poder expresarse”.

Gabriela señala además que estos cuentistas que se van formando en cada una de las comunidades suman a su narración la idiosincracia de su comunidad, sus problemas y también sus realidades, y más allá que entre las distintas poblaciones las separen unos pocos kilómetros; cada nuevo “cuenta cuentos” se inscribe su propia impronta que es la del medio que la rodea.

“Surgen algunas situaciones interesantes en cuanto a lo comunitario. Surge un modo de contar el lugar, más allá de que no estén recabando cosas del lugar, hay un modo, fórmula o método que tiene que ver con la identidad de cada lugar”.

Explicó que contar un cuento, compartirlo, no sólo se limita a lo literario a lo tradicional, sino que además surgen anécdotas, hechos, películas, canciones, todo puede ser compartido.

“Nosotros los narradores no trabajamos el cuento literario, sino que hacemos una reinterpretación y para que ésta esté bien, tiene que estar metabolizada por quien la cuenta. En esa metabolización lo que está sucediendo en la faz personal, social y de la comunidad se cuela en la historia a contar”.

Hoy los frutos de estos cuatro años de trabajo se ven plasmados en la conformación de distintos grupos en la región que se identifican como los “Cuenta cuentos” y que recorren las instituciones de sus comunidades brindando a otros vecinos alguna historia.

Encuentro en la plaza

Bengolea fue la cuna de esta experiencia, y este domingo volverá a reunir a unos 30 narradores de toda la región que en la plaza del pueblo compartirán historias y mates.

Al finalizar, Gabriela Lubarsky siente que parte de la tarea que se propuso está cumplida, ya que hoy en la región hay decenas de vecinos que recorren sus comunidades y comparten con sus pares historias propias, reales, ficticias, de su pueblo o la literatura tradicional. Todo vale.

“La tarea está cumplida cuando los narradores salen a la comunidad y comparten sus cuentos. “Lo que tratamos de hacer en forma casera es detectar qué lugar de la comunidad necesita que se le cuente un cuento y allí vamos. Visitamos geriátricos, escuelas rurales, y hasta pensamos hacerlo en lugares donde se entregan bolsones alimentarios. La idea es que el cuento sea un vínculo comunitario y social. Entregar un cuento es sembrar una semilla, aunque no se sepa que planta nacerá”, finaliza la narradora.

Comentá la nota