Fue promovida por Brasil. La respuesta de Rusia y China fue poco contundente.
El canciller Celso Amorim declaró que había "gran afinidad" entre las posiciones de Brasil y China, según quedó expresado en el encuentro privado entre Lula y Hu Jintao. Pero fuentes del propio gobierno brasileño admitieron que la propuesta de Brasil de no redoblar sanciones -como urge Washington- no tuvo el eco esperado en China, la tercera potencia armamentística del mundo.
Amorim, no obstante, insistió durante una entrevista con la prensa, que los chinos defendían una solución negociada en vez de aplicar sanciones.
El tema, que adquirió relevancia en la cumbre a instancias de Brasil, no fue mencionado por ningún presidente durante el resto del día en ninguno de los contactos con los periodistas. De acuerdo con el subsecretario de Asuntos Políticos del Palacio de Itamaraty, embajador PiragibeTarrago, en la cita a solas que Lula mantuvo con su colega sudafricano Jacob Zuma, (antes de la cumbre del BRIC) ambos coincidieron en la necesidad de exigir a Irán "una mayor transparencia" en las intenciones de su programa nuclear.
"Brasil reclama que Teherán demuestre la naturaleza pacífica de sus actividades nucleares. Eso hay que dejarlo en claro, inclusive para la Agencia Internacional de Energía Atómica", sostuvo el diplomático. Hace dos días el propio presidente Lula da Silva había anticipado que sólo defenderá a Irán en la medida en que no haya lugar a dudas de sus intenciones de usar el proceso de enriquecimiento de uranio únicamente en la industria energética y de producción de medicamentos. No obstante, Lula y Zuma subrayaron que su colega Mahmud Ahmadinejah tiene derecho a ser soberano en el empleo del uranio con fines no bélicos.
Pero ninguna acción en este terreno parece ser fácil de adoptar. Brasil trató de conquistar apoyos entre varios países, entre ellos Turquía que lo secundó en el pedido especial realizado a Barack Obama durante la cumbre nuclear en Washington. Ahora, en Brasilia, Lula consiguió la adhesión de Sudáfrica. Pero del lado de los actores que pesan: Rusia y China, en primer lugar, e India luego, hubo más silencios que expresiones de coincidencias. Esto fue reconocido por una fuente de Brasilia. El ministro Amorim no quiso responder respecto de las posiciones del gobierno chino, expresadas por Hu Jintao. Sí confirmó que en un aparte trilateral con Jintao y con el premier indio Singh, Lula reconoció que es preciso una "flexibilidad" de Irán que permita convencer a la comunidad internacional respecto de sus intereses reales.
En ese encuentro, el jefe de Estado brasileño insistió, sin embargo, en sus tesis de que las sanciones económicas suelen ser ineficaces. Hay en todo esto algo inocultable: Rusia y China jamás han aceptado a priori imposiciones de Washington. Pero en este caso , tanto uno como otro país tienen intereses específicos en Asia Central, que incluye a Irán, Irak, Afganistán y todas las naciones circundantes, incluido Pakistán. A su vez, India mira con proverbial desconfianza a su vecino paquistaní y un Irán que eventualmente pueda convertirse en una potencia nuclear, aunque sea de segundo orden, capaz de influir a nivel regional.
Pero Lula tiene razón en un punto: hace ya siete años, a comienzos de 2003, Estados Unidos "declaró" la guerra a Irak bajo la presunción de la existencia de armas químicas y nucleares de exterminio masivo. Jamás se pudo probar la existencia de tales fuerzas destructivas. ¿Por qué pensar entonces que esta vez sería distinto?


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