CUANDO LA VOLUNTAD POLÍTICA SE QUEDA A MITAD DEL CAMINO

“No podemos callar ni dejar pasar; tenemos la obligación de informar a la población y a todas las Instituciones Educativas sobre las amenazas impuestas por el sistema de globalización neoliberal, significativas para la Salud y la Seguridad de la Comunidad.” Giovanni Berlinguer
El pasado 14 de julio se aprobó la Ordenanza que regula el uso de los agroquímicos en el municipio de Luján. Unos días después fue publicada en el Boletín Oficial, quedando así plenamente vigente. Los lujanenses preocupados por la salud de la población y el medio ambiente agrupados en una Comisión de la Asamblea de Vecinos y Organizaciones de Luján llamada “No a los agrotóxicos, sí a la vida”, que llevaban más de un año trabajando por la Ordenanza, se propusieron exigir al Ejecutivo comunal su pronta reglamentación de modo que aquellos que la incumplieran pudieran ser sancionados.

Se dedicó entonces a elaborar un proyecto de reglamentación que en la primera semana de octubre fue presentado en la Municipalidad.

Pero el tiempo ha pasado y la administración saliente ha terminado lánguidamente su mandato, sus funcionarios y Secretarías mirando hacia otro lado y la Ordenanza sin reglamentarse. Mientras tanto, los productores siguen –pese a las muchas denuncias de los vecinos– fumigando sus campos y las casas aledañas. Fumigan incluso entre las casas, como ocurre en el Deslinde de Carlos Keen, con total desparpajo y sin la menor consideración por la salud de los que allí viven.

Es decir, la lucha por la salud de los lujanenses –amenazada por el agronegocio– continúa. La acción más inmediata es lograr que se reglamente la Ordenanza 5953. Mientras tanto, deben generalizarse las denuncias contra los productores que nos fumigan con sus venenos, porque –si hay intención política– lo que prohíbe la Ordenanza ya puede ser castigado aunque no exista todavía una reglamentación. El grupo “No a los agrotóxicos...” lo tiene muy claro y no piensa bajar los brazos.

La salud o los negocios

Hoy tenemos una nueva administración municipal: sobre ella recae la responsabilidad de cuidar de nuestra salud y del medio ambiente. Imposible que se desentienda del problema. Imposible que cierre los ojos y no vea lo que sucede en otros lugares de nuestro país.

Hace pocos días, Página/12 (01/12/2011) informó sobre el primer juicio oral con el que la Justicia cordobesa juzgará a tres personas –dos productores agrarios y el piloto de un avión fumigador– acusadas de regar con sus agroquímicos, además de sus cultivos de soja, el barrio de Ituzaingó, en las afueras de la capital cordobesa, donde existe constancia de 200 cánceres (unos 100 de ellos con desenlace fatal) provocados por el uso del glifosato y el endosulfán. Los agroquímicos forman parte del paquete del cultivo sojero, pero hay otros cultivos, como el del maíz y el arroz, que también los utilizan. La agroindustria, como otras formas de producción depredadoras, responde a un modelo político-económico de escala mundial que está destruyendo la Tierra y matando a los seres humanos; esto es así porque prioriza las rentas de las grandes corporaciones en detrimento de nuestra salud. Por suerte, aunque tímidamente, la Justicia está empezando a asumir la defensa del ciudadano.

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