¿Se trata de autosuficiencia, soberbia, o un cóctel entre ambas? Los falsos positivos como metáfora del poder K
—Ni siquiera jugamos para el mismo equipo –se disculpó Scioli ante la catarata de insultos K.
—Pero ¿hablaron después del partido? –increpó un periodista que terminó haciendo de idiota útil. Como si “hablar” significara prueba de alguna complicidad o relación espuria.
La idea de democracia del oficialismo reserva el cargo de traidor para quien “habla” con otro que no sea del mismo gueto. ¿Y si Scioli hubiera ido a almorzar con Macri? Fusilarlo era poco. La idea del discurso único, el partido único, la verdad única, el alambrado del campo nacional y popular sostiene también la pelea con los medios que se alejan del discurso cínico del tándem Szpolski-Gwirtz-Manzano:
—Los empresarios aplaudimos las medidas contra Cablevisión –dijo Eduardo Eurnekian en su cruzada contra los monopolios, olvidando su propio monopolio de aeropuertos.
El credo del destino único no parece ser compartido por el resto de la población: una encuesta publicada en estos días por La Nación muestra que más del cincuenta por ciento del público ha dejado de creerle a su médico de cabecera, o pediría siempre una segunda opinión.
Los efectos del falso positivo no fueron sólo políticos. Ensimismado, el poder sigue negándose a escuchar fuera del espejo, como si el 54% fuera poco y sólo le restara llegar al cien. (Perfil/OPI santa Cruz)

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