Cuando la Justicia es más igual para unos que para otros

Por Ricardo Roa

Algún día, ésta me va a matar ”, decía Carlos Soria de su esposa. Los chistes muchas veces pueden ser una buena manera de hablar en serio.

El gobernador de Río Negro vivía protegido como pocos. Tenía custodia policial en la puerta, una reja en el pasillo que iba al dormitorio, la casa llena de armas y un revólver cargado en la mesa de luz. Estaba a resguardo de todo menos de la mujer de la frase, la suya . La primera madrugada del año, Susana Freydoz le pegó un tiro en la cara, como si hubiera querido borrarle la identidad .

Martín, el hijo de ambos e intendente de General Roca, dijo que sus padres juntos eran una tempestad. Una de esas parejas de muchos años, tan desgastadas que coinciden en un único lugar: el pasado . La mirada del psiquiatra de Susana fue más complaciente. “ No eran la familia Ingalls, que sólo existe para la TV ”, sino una pareja de “personalidades fuertes” donde “no había sometedor ni sometido”. No hay por qué no creerle, salvo que, además de analista, es concejal y de la línea de Soria .

Freydoz tomaba sedantes, explicó. ¿Para qué otra cosa haría eso sino para ayudarse a vivir una vida que no era la que había imaginado ? Si no podían tramitar los conflictos por medio de la palabra y la reflexión, ¿por qué siguieron conviviendo? En la noche de fin de año todo voló por los aires. Había una infidelidad más y Soria quería irse a vivir a la residencia del gobernador en Viedma solo.

Susana no lo aceptaba . Fue la gota que rebasó el vaso.

Hasta acá, un dolorosísimo drama pasional. Pero hay otra parte de la historia y es política . A 15 días del crimen, Freydoz continúa en libertad como si gozara de un fuero personal . Recién declarará mañana. El mediodía del mismo primero, el vice y hoy gobernador, Weretilneck, había marcado la cancha: calificó todo como “un accidente doméstico” . El juez Stadler compró la versión y se fue enseguida de vacaciones. Lo primero es lo primero.

El que pateó el avispero, al día siguiente, fue el presidente del Superior Tribunal. El juez Sodero Nievas habló sin vueltas de un crimen . No estaba a cargo de la investigación y dentro del peronismo era rival de Soria, que lo amenazaba con un juicio político . Pero dijo en voz alta lo que pensaba todo el mundo. Y así le cambió la cara a la causa.

A Stadler lo sucedió Chirinos, que mañana le devolverá el caso y quien confesó sentirse presionado para arrestar a Freydoz. “La gente pide que se la detenga, no se sabe bien para qué”, se justificó. El para qué es muy fácil de encontrar: para que la ley se aplique a todos por igual y no haya privilegios . Cualquiera sabe que si no hubiese sido la esposa del gobernador, estaría detenida . Al fin, nada para sorprenderse demasiado: la Justicia llega a todos por igual, a menos que uno pertenezca al poder.

Comentá la nota