Cuando el fastidio social comienza a poner límites

Fernando Gonzalez

Son días de confusión comunicacional para el kirchnerismo.

Como si no fuera suficiente con la escasa credibilidad que tienen algunos de sus más altos funcionarios, las declaraciones públicas de quienes intentan darles una mano terminan convirtiéndose en un búmeran. Así sucedió cuando el artista Fito Páez manifestó su “asco” por los porteños que votaron a Mauricio Macri o cuando el titular de la Biblioteca Nacional, Horacio Gonzalez, maltrató desde su altar de soberbia intelectual al Midachi Miguel Del Sel.

Ayer fue el turno del escandoloso torneo de fútbol que buscan pergeñar el Gobierno y el desprestigiado titular de AFA, don Julio Grondona, para mantener el negocio político de la TV con plata del Estado; los privilegios de los clubes deficitarios y las alianzas mafiosas entre dirigentes y barrabravas (ver página 24). Bastó que un colaborador de Grondona (Ernesto Cherquis Bialo) dejara en claro la maniobra urdida desde lo más alto del poder para que el rechazo social terminara derrumbando el campeonato en apenas 24 horas.

La popularidad del fútbol amplificó una metodología arbitraria y demasiado frecuente en la política. Pero bastó el fastidio ciudadano para ponerle un límite. Es una señal y una advertencia en estos tiempos de definiciones institucionales.

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