El político que gobernaba Concordia, el ejecutivo que lideraba la industria avícola y la dirigente que conducía Agmer ayudan a comparar la Entre Ríos de hoy con aquella provincia del desempleo, el hambre y la angustia.
Comparar indicadores es un buen ejercicio para dimensionar los progresos de la última década y para enfocar el esfuerzo en lo que falta. En 2001 más de 220 mil entrerrianos -el 17,6 % de la población de entonces- vivían hacinados, durmiendo de a cuatro o más en una pieza, sin inodoro, en casas donde el jefe de familia no había terminado la primaria y donde al menos dos chicos no iban a la escuela. Hoy el índice es del 8%: son más de 100 mil los que salieron de esa situación, en la que todavía quedan unos 90 mil.
La desocupación arañaba el 20% en Entre Ríos en 2001, contra un 7,8% que muestra actualmente. Y así la lista sigue, con indicadores referidos a niveles de actividad de sectores industrial y comercial, de alfabetización, de estudios alcanzados, de consumo, de acceso a salud y educación, de lo que sea. EL DIARIO invitó a Hernán Orduna, Roberto Domenech y Beatriz Montaldo a recordar aquellos años y a hacer más contundente el mensaje de las estadísticas.
DESESPERACIÓN. Roberto Domenech es presidente del Centro de Empresas Procesadoras Avícolas (CEPA), que agrupa a los productores argentinos de carne de aves. En 2001 ya estaba en el cargo y recuerda: “El sector estaba con problemas gravísimos, tal como los que manifestaba el país. Había problemas con el consumo, con el abastecimiento de insumos, con la disponibilidad de dinero. Con todo. Era una situación crítica en la que literalmente a veces no había que dar de comer a las aves. Se picaban, se enloquecían, se perdían un montón. Era desesperante”, ejemplifica.
Domenech define esos meses como “de crisis absoluta y mucha angustia”. Menciona la quiebra del grupo San Sebastián -el más importante del país-, el 30% de las granjas vacías, los sueldos que se pagaban en cuotas, los despidos. En 2002 se logró determinar la situación real del sector y pudo definirse un plan estratégico 2003/2010 que preveía un crecimiento al 10% anual. Entonces se producían 740 mil toneladas al año, de las que solo 30 mil se exportaban. El consumo por habitante por año era de 20 kilos.
El resto es historia conocida: hoy el sector exhibe un crecimiento formidable que superó ampliamente aquella meta del 10%. Este año terminará con un volumen de producción mayor a los 2 millones de toneladas y exportaciones por 330 mil, con un consumo per cápita de 42 kilos al año. La actividad da trabajo a más de 150.000 personas. La producción entrerriana explica el 45% del mercado y se vende a más de 60 países.
DRAMA. Beatriz Montaldo era en 2001 secretaria general de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (Agmer). Su recuerdo es desolador: “Fueron tiempos terribles. No existían cosas tan básicas como salarios abonados a término o un cronograma de pagos. Los atrasos eran impresionantes y cobrábamos más de la mitad en bonos. En diciembre de 2001 el aguinaldo se pagó casi el 100% en federales, que para entonces eran aceptados en muy pocos negocios y muy devaluados. Así pasamos fin de año”.
“Los docentes trabajábamos los sábados, día en que íbamos a abrir los comedores porque los chicos si no, no comían. Permanentemente se producían situaciones durísimas que tratábamos de paliar desde el sindicato con un fondo constituido gracias a compañeros que estaban en ámbitos estatales y aportaban un aumento que había dado el Gobierno a los funcionarios, en medio de este drama”, rememora.
Sin códigos de descuento, con un gremio empobrecido, se apañaban para ayudar a quienes llegaban desesperados todos los días a Agmer a pedir para comprar una garrafa, un medicamento o hacer frente a una enfermedad. “El último aumento que habíamos tenido era el incentivo docente, en 1999, que fue de 60 pesos”, indica Montaldo.
Una carpa en la explanada de la Casa de Gobierno y días de ayuno fueron algunas de las protestas de esos tiempos, en los que el sueldo básico no llegaba a los 200 pesos. “El paro era insostenible porque muchos comían en la escuela o no comían. Si no íbamos, se perjudicaban los que estaban peor”, explica la dirigente.
Hoy en Entre Ríos la construcción y remodelación de escuelas alcanza niveles históricos. El docente que recién empieza a trabajar cobra en tiempo y forma un mínimo de 2.800 pesos y el grueso de los maestros percibe 5.000 pesos de bolsillo en promedio. Persisten los reclamos de aumento, pero hoy los gremios trabajan en forma conjunta con el Gobierno en un plan de viviendas para el sector. La Asignación Universal por Hijo (AUH) aumentó la matrícula escolar. Los chicos están vacunados, con controles de salud y la mayoría come en su casa.
HAMBRE. “Nosotros éramos la capital de la desocupación”, recuerda con pesar Hernán Orduna, en 2001 intendente de la ciudad de Concordia, tristemente célebre por su 22% de desempleo. “Era una situación desesperante que se sufrió mucho. Había atrasos de más de tres meses en el pago de todos los beneficios sociales y el hambre se hacía sentir”, evoca.
A la ciudad en la que en ese diciembre negro comenzaron los saqueos que luego se extenderían a distintos puntos del país, durante dos años no fue ningún representante del gobierno nacional. “Estábamos aislados, nos sacaron los recursos de Salto Grande y se demoraban las remesas de coparticipación hasta que directamente fueron recortadas por un decreto de De la Rúa y Cavallo. La situación financiera era cada vez más angustiante y nos obligaba a manejarnos solamente con nuestros recursos. Estábamos ahogados y con severos problemas para todo, incluso para pagar los sueldos”, reseña Orduna, al tiempo que admite que en esos años fue casi nula la inversión en obra pública en su ciudad.
Hoy la inversión en infraestructura también es histórica. Intendentes de todos los colores políticos reciben periódicamente la visita de autoridades provinciales y nacionales. La coparticipación llega en tiempo y forma. Crecen los parques industriales y Concordia es una de las ciudades más pujantes de la región.
Tanto los números fríos como los testimonios emotivos muestran la magnitud del crecimiento y la transformación que se produjeron en Entre Ríos desde aquel diciembre de 2001, que quedó en la historia por las muertes y los saqueos, pero que fue la explosión de un proceso mucho más extenso. Honrar a las víctimas es también hacer memoria, valorar lo conseguido y seguir reclamando la condena y la autocrítica de los responsables.
MES/AÑO POBRES INDIGENTES
Mayo/2001 40,3% 13,1%
Octubre/2001 50,1% 18,6%
Mayo/2002 59,6% 29,4%
Octubre/2002 66,7% 32,2%
Mayo/2003 59,4% 29%
Octubre/2003 52,3% 23,4%
Mayo/2004 46,4% 18,4%
Octubre/2004 38,9% 13,6%
Mayo/2005 36,4% 7,8%
Octubre/2005 36,7% 14,2%
Mayo/2006 33,5% 11,0%
Octubre/2006 27,0% 8,0%
Mayo/2007 22,8% 6,9%
Octubre/2007 12,4% 2,4%
Mayo/2008 13,0% 4,8%
Octubre/2008 11,7% 4,0%
Mayo/2009 12,7% 5,4%
Octubre/2009 10,9% 2,9%
Mayo/2010 9,9% 3,6%
Octubre/2010 9,5% 3,2%
Mayo/2011 10,3% 3,7%
Octubre/2011 5,8% 1,5%
Mayo/2012 6,1% 0,9%
Fuentes: EPH - Dirección de Estadísticas y Censo de Entre Ríos.
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