Cuando el derecho es un laberinto

Matrimonio gay, ley de glaciares o sentencias judiciales deberían ayudarnos a comprender. Y no a una eterna polémica.

Como el mundo, Argentina se presenta como una realidad cada vez más compleja y veloz. Es muy difícil siquiera comprender algunos temas. Y sin comprensión es más difícil todavía "tomar posición". El problema más serio es que muchos temas requieren de todos y cada uno una toma de posición, pues son asuntos públicos o comunes.

Opinar y tomar posición sin un conocimiento previo es la "eterna mesa de café" en las que generaciones de argentinos no sé hasta qué punto debatimos pues ni siquiera dialogamos, lo que implica escuchar, compartir. Somos millones de directores técnicos, miles y miles de ministros de economía, algunos de educación y no pocos que dicen "pónganme un día de Presidente y yo arreglo todo".

De muchos temas nacionales gran parte tiene un contenido o al menos una forma jurídica, veamos al menos dos: ¿el matrimonio igualitario es un derecho humano o sólo un derecho legal? ¿hay o no discriminación al privar a unos lo que se concede a otros sólo por su condición sexual?

¿si la familia es una institución fundamental está claro antes qué concepto jurídico hay de familia? En relación a la ley de glaciares, por ejemplo, ¿puede la Nación dictar normas de presupuestos mínimos o sólo son las provincias las que deben legislar? ¿Y qué pasa si las provincias no legislan o legislan con deficiencias en la tutela de los glaciares?

Como verá el lector dos simples ejemplos pueden dar cuenta de la complejidad jurídica que hay en estos asuntos. Pero esto no afecta sólo a los ciudadanos sino en primer lugar a los propios abogados, profesionales de una disciplina que ha mutado bastante en los últimos años.

Claro que estos cambios son los mismos que tienen otras áreas, como la medicina, la economía, la comunicación, la política y cuantas más se quieran poner en una lista de disciplinas prácticas y teóricas tan necesarias para la sociedad.

Sin duda que el derecho tiene ciertas notas que hacen normal lo que en otras áreas no lo es, por ejemplo, que ante un mismo tema puede haber no una sino dos o más posiciones técnicas, lo que no sólo es correcto sino necesario muchas veces.

Y precisamente, si hay varias posibilidades de solución de un mismo tema, muchas veces no son los especialistas los que deben decidir sino la sociedad y sus dirigentes. Y para decidir hay que comprender antes.

La falta de comprensión de algunos temas nos lleva a caer en una gran torre de babel, donde todos quieren tener razón y cada uno habla su idioma. Los idiomas son los de cada disciplina aislada que quiere tener el monopolio de la comprensión de la realidad y de cada persona en particular que quiere partir sólo desde su experiencia personal.

Si agregamos a esto la forma tan particular que tenemos en Argentina de debatir cada tema, vemos que el panorama es más complejo aún. En general en la dirigencia política hay poco apego a los temas técnicos - dentro de los que están los jurídicos- y sí mucho de enfoque ideológico, el que se desboca permanentemente, pues la ideología si no va de la mano de la realidad concreta y de la complejidad técnica de cada asunto se transforma en un dogma. Pasó en los noventa con el mito de que el mercado todo lo hacía y pasa hoy con el mito de que el Estado en sí mismo es mejor para todo.

El derecho debe ayudar en la comprensión de una realidad para poder transformarla. Es imposible no equivocarse como sociedad si cada medida de fondo que se toma no tiene los mínimos elementos jurídicos de forma y contenido. Del mismo modo que con las cuestiones económicas, educativas, de salud, de seguridad, que son las más importantes. En todas ellas hay un condimento jurídico que de un modo u otro acompaña, ignorarlo no es gratis, pues los costos se pagan tarde o temprano.

Comentá la nota