Cuando el pez por la boca muere

Por Ricardo Roa.

Lo único que le faltaba al SUBE era terminar envuelto en maniobras de corrupción. O “anomalías”, según el eufemismo que usó el ministro Randazzo.

El boleto electrónico salió por un decreto de necesidad y urgencia en febrero de 2009. Jaime era el responsable de Transporte. La Presidenta dijo entonces que iba a estar listo en tres meses. O fue un anuncio hecho a las apuradas o no era tanta la necesidad y urgencia : recién se implementó tres años más tarde.

“Si querés viajar en tren o en colectivo y no tenés la tarjeta SUBE, vas a perder el beneficio del subsidio”, amenazaba sin vuelta la campaña oficial en febrero de este año. ¿Qué otra cosa podía venir sino un aumento ? Obvio, la gente hizo horas de cola bajo el sol y un calor agobiante pero el subsidio nunca desapareció. Tanto que entre enero y abril el Gobierno gastó casi el doble que en igual período del 2011. Y encima, tal como está la tarjeta no sirve para lo que fue creada .

Ya es una anomalía que Randazzo sea ministro de Interior y a la vez de Transporte, como si el de Educación de pronto absorbiera a Industria o el de Salud a Seguridad. Otra anomalía es que se hubiese adjudicado el control del SUBE a la unión de empresas que cotizó más caro y cuyos socios ahora se cruzan acusaciones que salpican directo al ex secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi. Que es como decir al Gobierno mismo.

Randazzo bajó el contrato firmado por Schiavi y no sólo eso: le pidió a la Sindicatura de la Nación que lo investigue . Fue después de una presentación del fiscal Stornelli, basada en revelaciones del diario La Nación y del programa de Jorge Lanata Periodismo para Todos .

El contrato obligaba al Estado a pagar $ 47 millones y US$ 4,4 millones por tareas de consultoría. “Nunca firmé ese contrato que está viciado. Lo firmaron la secretaría de Transporte y el Banco Mundial sin mi consentimiento y a mis espaldas ”, dijo ayer Stephen Chandler, el empresario inglés a cargo del proyecto.

Y más: sostuvo que tampoco cobró 140 mil dólares. “Schiavi debería saberlo”, aseguró. También planteó que fue una “acción orquestada entre funcionarios y sus socios argentinos ”, a los que se vincula con Schiavi. Estos, en cambio, dijeron que Chandler tuvo participación plena desde el principio. Todo bien claro.

A veces, el pez por la boca muere : por la red oficial de prensa, Schiavi salió a decir que se trataba de “una estafa entre privados. Aquí el Estado no tiene nada que ver”. ¿Cómo que no tiene nada que ver si todo fue convalidado por él mismo? Para colmo, el sistema, creado según el ex secretario de Transporte para cambiar el modelo de subsidios , sigue exactamente igual que antes. Como siempre, la plata va a las empresas en vez de ser una subvención directa a los usuarios. Probablemente Randazzo tenga que arrancar todo de nuevo. Y aquel febrero de 2009 de Cristina queda cada vez más lejos .

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