A cualquier precio

Clausuraron preventivamente una planta de producción de harina de pescado en el puerto local. A pesar de las advertencias, la firma persiste en consumir agua clandestinamente, y en volcar a la red cloacal más o menos cualquier cosa. ¿Cuánto tardará en volver el acostumbrado olor pestilente?
La contaminación por malos olores que genera la industria de la harina de pescado no es considerada en extremo peligrosa para la salud, pero se sabe desagradable y requiere en la mayoría de los casos -especialmente si las fábricas se encuentran cercanas a poblaciones, balnearios o zonas turísticas- de un tratamiento eficiente.

Pero el olor es solamente el síntoma. Lo cierto es que la producción de harina de pescado se basa en el tratamiento de los residuos resultantes de la industria pesquera: requiere para su desarrollo grandes cantidades de agua, y suele –si se consume de manera ilegal- poner en jaque el suministro necesario para la vida en la ciudad.

Por otro lado, esta industria produce un desperdicio que no puede ser vertido en la red cloacal sin un tratamiento preciso que reduzca no solamente la temperatura, sino además los volúmenes de grasa y sólidos que terminarían por arruinar todo el proceso de efluentes.

En este caso preciso, se trata de Moliendas del Sur, que se presenta en sociedad como una empresa familiar de trascendencia mundial, y produce harina y aceite de pescado para abastecer la actividad de cría de aves de corral o mascotas. También se utilizan sus productos en la próspera acuicultura, tanto de especies comunes como exóticas, que se alimentan con preparados a partir de estas sustancias básicas. De hecho, el 90% de la producción desembarca en los principales puertos de sudeste asiático: Corea, Vietnam y Taiwán. Los aceites, por su parte, se aplican a la industria farmacéutica con los derivados del Omega 3, en el tratamiento y prevención de enfermedades cardiovasculares.

Mercado no les falta. Tanto, que la firma no sólo cuenta con una planta en la zona fiscal del puerto de Mar del Plata -calle Don Tomás 1450, o calle 1003 esquina 1006- sino que además opera con igual o más capacidad en las ciudades de Puerto Madryn y Caleta Olivia. El dueño de este pequeño imperio es Antonio Carrasco, quien ha detallado en entrevistas de prensa cuán importante es la capacidad de procesamiento de su planta. Recientemente se reconoció además como adjudicatario de un permiso de pesca tangonero, actividad en la que incursionó con éxito de la mano de la firma Contessi, la misma del astillero, y se cansó de prosperar. Tiene además una planta de producción de bolsas, y una fábrica de cajones de plástico en la avenida Juan B. Justo, en las cercanías de la Facultad de Ingeniería de la UNMdP de esta ciudad.

Basura caliente

El tema no es que prospere, sino que no reinvierta. Y no lo hace porque, para aumentar aún más los márgenes de ganancias de un negocio millonario, no realiza las mejoras que se le han indicado para que sus vertidos no perjudiquen al resto de la ciudad. Los propietarios de Moliendas del Sur han tenido durante mucho tiempo una actitud indolente y hasta ahora efectiva: cuando llegan los inspectores de OSSE para verificar si funcionamiento se ajusta a lo normado, simplemente no les permiten el ingreso a la planta. ¿Hasta cuándo? Hasta que se pueda.

La situación institucional es complicada, porque si bien Obras Sanitarias carga con la responsabilidad del control, la planta se encuentra en jurisdicción de la Provincia de Buenos Aires. Por lo tanto, el poder de policía en la ejecución de las decisiones corresponde a ese nivel estatal.

Así fue que la intervención del Organismo Provincial de Desarrollo Sustentable vino a apoyar las acciones de OSSE, con el fin de verificar y sancionar las irregularidades cometidas, que habían generado serios perjuicios, no solamente en el puerto, sino además en la zona de Camet. El resultado fue la clausura preventiva total del establecimiento, más una serie de cartas documento a través de las cuales la sociedad de Estado notificaba de las detecciones, e intimaba a la regularización y pago de sanciones, con el aval de la provincia y de la Comisión Permanente de Seguimiento y Monitoreo Ambiental del Partido de General Pueyrredon. Las firmas que representan la comisión son las de Pedro Catalano, por la Asociación Arbolar, Jorge Froilán González, por la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Mar del Plata, y Marta Quaglia, del Colegio de Arquitectos de la Provincia de Buenos Aires.

Los documentos explican exhaustivamente las razones de las medidas que se han tomado: de alguna manera había que poner límite a la irregularidad.

Porque Moliendas del Sur ya era protagonista de una causa judicial, la Nº 468.979, ante el Tribunal de Faltas Nº 4 municipal, por haber impedido la entrada a los inspectores de OSSE que deseaban tomar muestras de la cámara de residuos. La cuestión es que la empresa vuelca a la red cloacal de manera directa sus desperdicios sin tratar, con lo cual perjudica el pozo de bombeo de la Escollera Sur, la estación Elevadora Magallanes y la operatoria de la Planta de Pretratamiento Ingeniero Baltar. Finalmente, las muestras se tomaron el 22 de julio, y allí se verificó que las sustancias se volcaban a 77º, con lo cual se excedían por mucho las temperaturas permitidas, con un PH de 11.

En la oportunidad se pudo verificar que la empresa utilizaba grandes cantidades de agua, valiéndose de una bomba electromagnética conocida como bomba chupadora, que le permitía cargar una cisterna clandestina de 15.000 litros, por lo que se habla en la carta documento del pozo semi sumergido ilegal.

Caso omiso

Pero no hay errores ni malos entendidos, sino que, como puede verse, hay una enorme inversión en tecnología puesta a disposición de la trasgresión a la norma, y a la completa insensibilidad respecto del impacto ambiental que semejante accionar produce. La firma Moliendas del Sur había sido ya intimada en abril de 2009 a realizar las mejoras necesarias para no continuar perjudicando las instalaciones de la ciudad, pero no hizo nada. Las otras dos harineras situadas en la zona, por el contrario, mostraron adelantos y una voluntad expresa de avanzar rumbo a la completa normalización.

Jorge Froilán González es ingeniero, e integra la Comisión Permanente de Seguimiento y Monitoreo Ambiental del Partido de General Pueyrredon, la cual se formó hace ya diez años con el objeto de monitorear el curso de tres grandes obras: la planta de tratamiento de la Escollera Sur -donde descargan los camiones atmosféricos-, el Emisario Submarino y el Nuevo Predio 2000. Todas están inconclusas. El ingeniero se explayó ante los micrófonos de la 99.9, ocasión en la que afirmó: “esto no es de ahora, se trata de una empresa que persiste en violar las normas. No se trata de un error”.

Es simplemente que no les importa. El propietario de la empresa declaró ante numerosos medios de prensa cuando tuvo la alegría de inaugurar la planta de Caleta Olivia, y destacó no sólo que generaría numerosos puestos de trabajo, sino que ya no estaría obligado a trasladar los residuos de pesca de tantas localidades patagónicas, a lo largo de extensas rutas.

Es decir que ganaría más. Más y mejor. Más y con menos costos. Nada dijo acerca de los costos que implicaría realizar esta misma tarea, pero minimizando la repercusión en el ambiente que comparte con los demás vecinos de la ciudad. Nada dijo de cómo haría para no sofocar la red cloacal de su ciudad con restos de pescado grasoso que terminarán por colapsar cualquier intento de tratar los residuos urbanos. Nada dice, porque no le importa.

Le importa, eso sí, contar que simplemente ganará más a menos costo. Si llegan los inspectores, no se les abre la puerta y sanseacabó. Ahora habrá que ver durante cuánto tiempo se le cierra la canilla a Moliendas del Sur y su bomba chupadora gigante, capaz de secar las cataratas si la dejan y le conviene. No sea cosa que venga alguien a cortar las fajas de clausura entre gallos y medianoche.

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