La perversidad tiene muchas caras y de ello sobran los ejemplos. Cuando se trata de un violador, ya nace instintivamente el rechazo hacia quien abusa de manera tan abyecta. Ahora, cuando las víctimas son las hijas del victimario, estamos quizás ante el máximo horror.
Noticias & Protagonistas: Suponemos que este ha sido un caso psicológicamente difícil de manejar. ¿Es posible que el pedido de 50 años de condena sea el más alto de los solicitados en el Departamento Judicial local?
Dra. Andrea Gómez: En realidad, hay algún antecedente de la Fiscalía dedicada a abusos sexuales. En este caso concreto estoy pidiendo una pena intermedia, porque si partimos de un mínimo de 8 años y un máximo de 20 por cada abuso, estoy pidiendo 12 años y medio por cada uno, lo que lleva a 50 años total. Además la ley no permite superarlo, porque si pudiera, pediría los 80 años que suman todos los casos
N&P: Sinceramente es una conducta monstruosa. ¿La madre toleró la situación, la conocía? ¿En qué contexto ocurrió todo esto?
AG: En el de abuso familiar. La segunda mamá era una de las prostitutas desaparecidas de la ciudad, Ana María Nores, un caso sin solución hasta hoy. En cuanto a la tercera, la señora se había juntado con este hombre a partir de los 14 o 15 años en un grado de total vulnerabilidad. Tuvo a sus hijos, pero a la hora de defenderlos, más allá de lo que se piense, no pudo hacerlo porque no tuvo las condiciones mínimas materiales, ni la contención, ni los medios económicos, y tuvo que hacer abandono del hogar cuando los chicos eran muy pequeños.
N&P: Ahí es donde este hombre aprovecha…
AG: Exacto; ahí se manifiesta la patología perversa, dando rienda suelta a sus deseos. Al llegar a la pubertad, cuando los chicos estaban medianamente armados, desistía de una hermana y tomaba a la otra que seguía en edad. Un auténtico monstruo, una locura ligada a vínculos fundacionales como es la relación de padre e hija. Esto seguramente determinará rasgos complicados en la personalidad de las hijas a futuro.
N&P: Crecer en ese ámbito, sometidas a esto, condiciona la vida de cualquier chico. ¿Quién llega a pedir la intervención del Estado?
AG: Esto es digno de destacar: las hermanas más grandes deciden tomar el toro por las astas cuando ven que las más chiquitas eran abusadas. Esto quedó plasmado en el debate. Una de las testigos dijo casi textual: “Yo pensaba que iba a parar, pero cuando vi que seguía con las más pequeñas, dije hasta acá llegamos”. Allí se comunicó con la otra hermana, recurren a una cuñada, y comienza todo el proceso. Al principio no tenían certeza, pero notaban cosas muy raras.
N&P: La psique de cada uno frente a hechos como estos tiende a bloquearse, a rechazarlo, a pensar que no es posible…
AG: Existe una ley de secreto que impera en todo ese período, fomentado por una política de aislamiento del abusador. Hay una enorme confusión de sentimientos, porque quien tiene que proteger es el que se mete en la cama, y a la mañana siguiente hay que levantarse, ponerse el guardapolvo e ir a la escuela. Es muy loco todo esto, muy perverso. Además está la asimetría entre el abusador y el abusado, ligada a la famosa amenaza del “quién te va a creer” o “quién te va a querer”, y el “sos igual a tu madre”. Se aplica el principio de “divide y reinarás”, generando secreto entre las hijas mujeres.
N&P: ¿Cómo se llama este sujeto?
AG: Luis María Rivero. Tiene 52 años y pasó más o menos los últimos veinte viviendo de esta manera tan horrorosa. Veremos qué pena le aplica finalmente el Tribunal Nº 1 que entiende en la causa.
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