Nada ha cambiado en la ciudad en estos días. En el puerto, el SIMAPE plantea los mismos desafíos que lo llevaron a la toma de barcos, cierre de los accesos y desafío general a la Constitución y las leyes: su exigencia de un aumento superior al obtenido por el SOMU, su sindicato espejo.
Las órdenes terminantes recibidas por Prefectura directamente desde el Ministerio de Seguridad trajeron algo de cordura al conflicto que involucra al sector que más aporta al PBI del partido de General Pueyrredon.
La denuncia de Oscar Gerez por incumplimiento de los deberes de funcionario público contra los prefectos, que debe procurar Claudio Kishimoto, por ahora circula lenta. Es que en el Poder Judicial marplatense, coacción, violación de los derechos constitucionales no parecen ser cuestiones que valga la pena tutelar.
Mar del Plata tiene dos particularidades que le juegan en contra: es el único puerto en disputa por la marinería, y también el único que cuenta con un sindicato específico de fileteros. En el resto de los puertos sólo está el SOMU, y la actividad de fileteado está concentrada en el sindicato de la alimentación.
Este conflicto es puntual, y revela falta de previsión y de actitud de todo el espectro político y funcional, como así también por parte de los actores privados involucrados. Esta semana, por motivos que no son fáciles de entender, el diario de Florencio Aldrey Iglesias se dio cuenta del estado de colapso del puerto, después de meses de desastre. Cuenta el diario del brigantino nexo entre Scioli y Boudou: “En medio de la algarabía de un millar de militantes kirchneristas, y observada de cerca por los rostros sonrientes del intendente Gustavo Pulti y el gobernador Daniel Scioli, la mandataria (Cristina Fernández) prometió el dragado del banco de arena del puerto, que obstruye el principal acceso marítimo a la ciudad”. Es decir, Pulti y Scioli como boquiabiertos festejantes de anuncios vacíos de realidad –porque eso es lo que son-, cuestión que recién ahora advierte el diario local La Capital.
Nada de ello parecía ser motivo de preocupación allá por diciembre de 2011, cuando el mismo medio señalaba: “Scioli, aseguró ayer que la terminal de cruceros que se está construyendo en Mar del Plata va a generar ‘un impacto socioeconómico muy positivo’”. ¿Cuál?, es válido preguntarse en el peor año para la actividad del puerto desde la década del 90. Agregaba Scioli, y citaba con prosa de amanuense La Capital: “Me parece mentira, después de tantos años, que pueda estar ahora como sede institucional, impulsando todo esto". No es que parezca mentira: es mentira. No hay terminal de cruceros sin cruceros. Hay un edificio sin gracia a merced de los elementos naturales que, por esta vía y sin actividad, será una ruina en poco tiempo.
Es triste, pero una miríada de payasos sin vergüenza ni decoro se están llevando puesta a Mar del Plata. Puesta, sin pausa y con prisa.
José Luis Jacobo.





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