Cruzar México, un infierno para los centroamericanos

CIUDAD DE MEXICO.? "Es muy arriesgado este camino. Me habían contado, pero no pensé que era así", afirma Carlos, un salvadoreño de 28 años que pasó más de dos semanas tratando de cruzar México en busca de un futuro mejor, y que fue testigo del secuestro de sus compañeros en el tren en el que viajaban de Chiapas a Oaxaca. "Estoy muy asustado, porque la policía es cómplice", agrega a La Nacion.
La historia de Carlos es similar a la que padecen miles de migrantes centroamericanos que año tras año cruzan la frontera para intentar llegar a Estados Unidos y concretar el "sueño americano" y en su camino son secuestrados, extorsionados, torturados y violados.

Según un informe de Amnistía Internacional (AI), publicado en abril de este año, seis de cada 10 mujeres y niñas centroamericanas son víctimas de violencia sexual durante la travesía por México. Por su parte, la estatal Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) reportó el año pasado 9758 casos de secuestros de migrantes por bandas delictivas.

Los abusos a los centroamericanos en territorio mexicano fueron denunciados en varias oportunidades por la ONU y ONG que trabajan con los migrantes. Sin embargo, afirman que sus denuncias parecen no tener eco en las autoridades competentes.

"Las autoridades federales y estatales han eludido sistemáticamente su deber de investigar de forma inmediata y efectiva los abusos", resalta el documento de AI.

En el mismo sentido se expresa el sacerdote Alejandro Solalinde, que dirige un albergue para migrantes en Ixtepec, Oaxaca, donde llegan miles de centroamericanos como Carlos.

"En estos secuestros está involucrada la policía. Este es el tercer asalto que sufre este tren en 2010; hicimos las denuncias pero no ha habido resultados", denunció Solalinde.

Un oasis

El albergue administrado por el religioso es un oasis para los migrantes, ya que les ofrece alimentación, hospedaje y asesoría legal a los miles de personas que pasan por allí.

"Gracias a Dios al llegar aquí nos encontramos con personas que se prestan para ayudar a los demás y nos dieron alimento y cobijo", afirma el salvadoreño.

El modus operandi de las bandas fue documentado por la ONU a través de su relator para los migrantes, que recogió testimonios en México durante una visita en marzo de 2008.

"Los cuerpos policíacos cometen serias violaciones de los derechos humanos, particularmente ligadas a secuestros de migrantes, que incluyen, en ocasiones, torturas para obligarlos a revelar nombres de sus parientes, que luego son extorsionados por esos policías a cambio de la libertad de la víctima", señaló a La Nacion Jorge Bustamante, relator especial sobre los Derechos Humanos de los Migrantes de Naciones Unidas.

Según una investigación de la CNDH, los secuestradores suelen exigir el pago de entre 1500 y 5000 dólares a los familiares de las víctimas, radicados en Estados Unidos o en sus países de origen.

En 2009, más de 64.000 indocumentados fueron detenidos por el Instituto Nacional de Migración (INM), el 94,2% de los cuales procedía de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua. Los migrantes son retenidos en algunas de las 47 estaciones en operación, la mayoría de ellas en Chiapas. Según afirma la organización Sin Fronteras, los que llegan a las estaciones migratorias son deportados inmediatamente según los convenios de repatriación voluntaria.

"Los migrantes son deportados a la frontera con su país y se genera un círculo vicioso, porque el migrante lo que quiere es regresar y nuevamente vuelve a atravesar la ruta, con todos los peligros que tiene; ya no solamente deben sortear a las autoridades que los extorsionan, sino también eludir al crimen organizado", afirma Perseo Quiroz, abogado de Sin Fronteras.

Malos tratos

A pesar de que en 2008 se modificó la legislación, ya que se despenalizó la migración y pasó a ser una falta administrativa, Sin Fronteras afirma que el sistema en los hechos sigue criminalizando a los migrantes indocumentados.

"Aunque ya no es un delito, el trato que se le da al migrante sigue teniendo algunas características penales.Son deportados frecuentemente y su detención se basa en criterios de rasgos físicos y vestimenta", dice el abogado.

En tanto, y a pesar de todos los obstáculos, Carlos está dispuesto a seguir adelante en su viaje, a pesar de que debió dejar en El Salvador a su esposa e hijo.

"En mi país no hay oportunidades, uno tiene familia que alimentar y allá es cada vez más difícil. Entonces, hay que buscar otras fronteras para por lo menos ir tirando", concluye.

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