Silencio de los gobiernos y legisladores nacionales ante la caída de los sectores productivos.
Los perjuicios se manifiestan con claridad en zonas como Cuyo, afectada en sus exportaciones de frutas y hortalizas, y en las regiones olivareras, donde Catamarca está incluida con importantes volúmenes.
Ayer, Clarín informó sobre el daño que provoca la caída del mercado brasileño en la actividad olivícola. Allí iba el 90% de la producción olivarera. Esta caída del principal mercado externo para la aceituna de mesa y el aceite de oliva no es casual: se trata de una represalia de Brasil ante la decisión de Moreno de cerrar las puertas argentinas a productos brasileños.
La pelea que el secretario de Comercio Interior ha emprendido como un cruzado medieval tiene, de tal manera, concretas consecuencias en las provincias donde la olivicultura viene peleando desde hace años contra una crisis constante y en expansión.
Tal derrumbe sostenido se produce ante la indiferencia de los gobiernos y los legisladores nacionales, que tampoco en esta oportunidad han abierto la boca para advertir sobre la situación y las consecuencias de la desmesura morenista.
La clausura de la frontera brasileña es un golpe a la olivicultura que se suma al dólar planchado, los crecientes costos laborales, de insumos y transporte, la caída de los precios internacionales, la mayor competitividad de España e Italia, acosadas por la crisis europea y el ingreso de Perú en la disputa por los mercados.
En La Rioja, los trabajadores de Nucete iniciaron medidas de fuerza por la falta de pago de los sueldos. Se les pagó, pero el grupo empresario planteó el "procedimiento de crisis". Con esto, las empresas quedan en condiciones de proponer medidas como la reducción de la jornada laboral y la suspensión y despido de personal pagando la mitad de la indemnización.
La ministra de Industria, Débora Giorgi, desembarcó en Aimogasta, pero no dijo ni una palabra sobre las alternativas para superar la crisis.
El panorama es calcado en Catamarca. La producción olivícola viene en caída libre desde hace cuatro años. Los reclamos solo merecieron promesas, incluso de la Casa Rosada, pero ninguna medida concreta. Por el contrario, lo que ocurrió fue la ofensiva fanática de Moreno que desató las represalias de las regiones importadoras de productos argentinos y las consecuentes pérdidas de rentabilidad y fuentes de trabajo.
Mientras, en Catamarca, bajó un 90% la producción olivícola en comparación con 2011 y desde enero se registraron más de 400 despidos. El personal permanente se redujo. Además de despidos, se adoptan otras medidas como suspensiones, reducción de jornadas, adelantos de vacaciones y retiros voluntarios.
INDIFERENCIA
La actividad olivícola viene en caída libre desde hace al menos cuatro años sin que la crítica situación, que se traduce en pérdidas de rentabilidad y fuentes laborales, fuga de inversiones y cierre de emprendimientos, haya merecido mayor atención de los gobiernos y de los legisladores nacionales.
La clausura del mercado brasileño para la aceituna de mesa como represalia a las irracionales disposiciones del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, no alentaron modificaciones a esta actitud indiferente.
Y no hay señales de que algo vaya a cambiar


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