La cruzada anticorrupción de Dilma, su mayor capital

La presidenta logró una popularidad récord en su primer año
- La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, cumplió ayer su primer año en el poder, al frente de un gobierno que muchos creían sería una continuación de la administración de su mentor, Luis Inacio Lula da Silva, pero al cual ella logró darle identidad propia y ganarse así una popularidad récord en estos primeros 12 meses.

De acuerdo con el último sondeo de la encuestadora Ibope, divulgado en diciembre, la primera presidenta de Brasil cerró el año con un 72% de aprobación personal y un 56% de respaldo a su gobierno, cifras que superan ampliamente las de Lula (2003-2010) y las su antecesor Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), al terminar sus respectivos primeros años de mandato.

La percepción de que la mandataria tiene menos tolerancia frente a la corrupción y la generalizada satisfacción de los brasileños con el rumbo económico son los pilares de esa popularidad, según los analistas.

"Para la opinión pública, Dilma está llevando adelante una limpieza ética en el gobierno, y esa imagen la ayudó a conquistar a grupos de clase media alta a los que Lula no había podido llegar", comentó a LA NACION el politólogo Paulo Kramer, de la Universidad de Brasilia, en referencia a los ministros que Rousseff sacó del gobierno por acusaciones de irregularidades.

Desde junio, tras denuncias de enriquecimiento ilícito y tráfico de influencias, debieron renunciar seis ministros: el jefe de Gabinete, Antonio Palocci, y los encargados de Transportes, Alfredo Nascimento; de Agricultura, Wagner Rossi; de Turismo, Pedro Novais; de Deportes, Orlando Silva; y de Trabajo, Carlos Lupi. Un séptimo, el de Defensa, Nelson Jobim, dimitió tras hacerse públicas críticas a compañeros del gabinete.

La oposición no supo aprovechar los escándalos para fortalecerse, y Rousseff, que había "heredado" de Lula la mayoría de los ministros sospechados, volvió suya la agenda anticorrupción. Esta estrategia le dio un gran capital político que ahora, mientras se apresta a realizar a mediados de enero su primera reforma ministerial, se pondrá en juego.

DESAFÍOS

La economía representará un serio desafío en 2012. Si bien el PBI superó los 2,4 billones de dólares y convirtió a Brasil en la sexta economía mundial, y el desempleo se mantuvo en un mínimo histórico (5,2%), el crecimiento fue mucho menor al esperado: del 3%, lejos del 7,5% de 2010. Para finales de año se logró contener la inflación, del 6,5%, pero las presiones subsisten mientras llegan al país grandes capitales para obras de infraestructura para el Mundial de fútbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

"El escenario económico se presenta complicado, y si el gobierno no logra encontrar un equilibrio entre el crecimiento del país y la inflación, la economía podría perjudicar las políticas sociales", apuntó Rafael Cortez, analista de la consultora Tendencias, en San Pablo.

Rousseff, que continuó con los planes sociales de Lula, que sacaron a 28 millones de brasileños de la pobreza extrema e incorporaron a la clase media a 36 millones, tiene como objetivo terminar su mandato con la erradicación de la miseria, en la que viven 16 millones de brasileños.

"Mantuvo los programas sociales y aumentó su cobertura. Ahora el reto es mejorar la educación básica, fundamental para un país que necesita mejorar la calificación de su mano de obra", señaló Marcus Figueiredo, del Instituto de Estudios Sociales y Políticos de la Universidad Estatal de Río de Janeiro.

La presidenta también logró mantener unida la base aliada, que en el Congreso le dio victorias importantes, desde la creación de la Comisión de la Verdad para investigar las violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar (1964-1985), hasta una legislación presupuestaria más flexible, que le permite seguir con el ajuste fiscal que se propuso al asumir.

En términos políticos, la única derrota que sufrió en el Congreso fue el avance de una iniciativa de reforma del Código Forestal, que desprotegería la selva del Amazonas. El proyecto final todavía debe ser aprobado por la Cámara de Diputados, tras modificaciones que introdujo el Senado, pero Dilma adelantó su disposición a vetar la controvertida ley.

En materia de política exterior, la presidenta también marcó puntos de inflexión con respecto a la administración anterior. Luego de un período de rispideces con Estados Unidos por el acercamiento de Lula a Irán, Rousseff tomó distancia de Teherán -en las Naciones Unidas condenó a éste y a otros regímenes que violan los derechos humanos-, y hasta recibió al presidente norteamericano, Barack Obama, en Brasilia.

RUMORES DE UN PLAN DE AJUSTE

RIO DE JANEIRO (Reuters).- El gobierno de Brasil podría reducir hasta 32.000 millones de dólares de sus gastos en 2012, en un esfuerzo por controlar su déficit y la inflación, informó ayer el diario Estado de S. Paulo, que citó fuentes no identificadas del Ministerio de Finanzas brasileño

Comentá la nota