Entre los anuncios de la semana en materia hidrocarburífera, con novedades positivas en cuanto a las compensaciones salariales para trabajadores del sector y la prórroga de la Resolución 312 para mantener el subsidio a unos 200 operarios, quedó casi en segundo plano el acuerdo -si bien todavía no confirmado en ámbitos oficiales- para que el precio del crudo en el mercado interno se eleve en alrededor de un 10 por ciento.
Distintas versiones a nivel nacional han dado por hecho en los últimos días que la tan reclamada mejora del precio del barril de crudo había sido acordada por el gobierno nacional y las petroleras, como un guiño a las provincias de la OFEPHI y que de este modo verían una mejora en sus ingresos por regalías. A cambio, el beneficio del gobierno sería un supuesto desistimiento de aquellas en el reclamo para coparticipar el impuesto al cheque.
Desde Chubut, algunas autoridades ya han dado cuenta de que no habrá un cese en ese reclamo, como el ministro Víctor Cisterna, quien dijo que si bien la provincia recibiría 2 millones de dólares adicionales por mes -a partir del mayor precio de referencia del petróleo- por el impuesto al cheque accedería a unos 130 millones en el año.
De todos modos, la cifra de incremento por regalías no parece nada insignificante: si la provincia percibió en 2009 alrededor de 300 millones de dólares, sobre la base de un precio de 42 dólares por barril, con casi un 20 por ciento de incremento en el precio y a producción constante, la cifra se elevaría en unos 60 millones de dólares al año.
De 45 a 50 dólares
Funcionarios de la provincia advierten que aún no está confirmado, pero en diversos sectores se da por hecho que el precio -que en marzo ha llegado a 45 dólares por barril- ascenderá a razón de un 1,5 por ciento por mes, para llegar al 31 de julio a un precio cercano a los 50 dólares por barril para el tipo Escalante y unos 6 dólares más para el tipo Medanito (nombre que recibe el petróleo de Neuquén, que es de mayor precio por ser más liviano).
Con estos márgenes, supuestamente habría mayor previsibilidad en los términos reclamados por algunas operadoras y los sindicatos durante el año pasado, cuando se centraba la expectativa en torno a la necesidad de que se reconocieran valores del crudo más altos y en forma acorde al recupero que hubo en el mercado internacional. Con el WTI cotizando por encima de los 80 dólares, en algunos despachos se preguntan si estas mejoras serán suficientes para una industria que reclama alineación internacional.
En el otro extremo de la línea de producción, las refinadoras han comenzado a incrementar los precios de los combustibles. En realidad no dejaron de hacerlo desde noviembre de 2007 (cuando teóricamente se congeló el precio del crudo para evitar que se trasladara a las tarifas de los combustibles), mientras que ahora se esperan -con exasperante pasividad oficial- subas proporcionales al incremento del petróleo.
La pregunta es si desde algún ámbito gubernamental habrá argumentación para promover un análisis de costos de la incidencia del precio del crudo en la estructura tarifaria de los combustibles, como también si habrá decisión para evaluar alternativas tendientes a evitar nuevos impactos sobre el consumidor, entre ellas una baja de impuestos en la pesada carga de los combustibles.
Por ahora, tales digresiones no parecen necesarias, en el marco de un mercado que no deja de dar señales (al menos desde sectores con mayor capacidad de consumo) de que el precio no es obstáculo para continuar elevando la demanda, como quedó demostrado durante el último fin de semana largo, en la región y en el país.
Las refinadoras no dejaron de incrementar ganancias y todo indica que en este reacomodo de precios habrá una nueva transferencia de ingresos hacia éstas -a partir del incremento de tarifas-, mientras que también las productoras elevan de este modo su participación en la renta. Ninguno de los sectores ha sufrido pérdidas durante el año 2009, sino al contrario, hubo incrementos de ganancias en no pocos renglones, según mostraron los respectivos balances.
Desde esa perspectiva, el riesgo es que la carrera se acelere y los precios internacionales -que hoy ya están nivelados con los precios del mercado argentino de combustibles- terminen impactando en todos los niveles de la economía, casi -¿casi?- como si se tratara de un país sin ningún tipo de insumos energéticos.

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