Críticas de la Iglesia por la deportación de gitanos

Desde el papa Benedicto XVI a la jerarquía católica de Francia, pasando por un sacerdote que devolvió su condecoración, la comunidad religiosa se movilizó en los últimos días para condenar la "política de exclusión" y las expulsiones de gitanos decididas por el gobierno de Nicolas Sarkozy.
"Los textos litúrgicos de hoy nos reiteran que todos los hombres están llamados a la salvación. Es también una invitación a saber acoger las legítimas diversidades humanas, siguiendo el ejemplo de Jesús, que vino a reunir a los hombres de todas las naciones y de todas las lenguas", declaró el Papa, el domingo pasado, durante el Angelus celebrado en su residencia de Castelgandolfo. Sin mencionar explícitamente al gobierno de Sarkozy, aunque hablando en francés, Benedicto XVI exhortó también a los padres a inculcarles tolerancia a sus hijos.

La severa crítica del Pontífice se suma a muchas otras que, tanto a nivel internacional como interno, han condenado la expulsión de más de 200 gitanos hacia Rumania y Bulgaria en los últimos días, decidida por el gobierno con el pretexto de luchar contra la inseguridad. En menos de un mes, las autoridades desmantelaron 88 campamentos ilegales de roms (gitanos) y planea deportar, por lo menos, a 600 personas más.

El ministro del Interior, Brice Hortefeux, ejecutor de las expulsiones anunciadas personalmente por Sarkozy en julio, se apresuró a responder a la crítica papal invitando al presidente de la Conferencia Episcopal de Francia y arzobispo de París, monseñor André Vingt-Trois, para analizar juntos la situación.

En todo caso, a nadie escapó la intención del Papa. Y mucho menos a la prensa francesa. La manera en que la expulsión de los gitanos ha sido "instrumentalizada por el gobierno en el plano interno valió a Sarkozy las severas críticas de la Iglesia. Esto cuenta mucho en el electorado católico", estimó La Républiques des Pyrénées .

Aunque el 65% (unos 40 millones) de los franceses se declaran católicos, sólo cuatro millones de ellos son practicantes. La gran mayoría de estos últimos votó por Sarkozy en las elecciones presidenciales de 2007.

"Todos se sienten cada vez más defraudados con él, pues no cumplió ninguna de sus promesas. Los católicos practicantes franceses son en efecto de derecha, pero nunca votarían por el Frente Nacional. Estas políticas aplicadas por el presidente son inadmisibles para ellos", advirtió Jean-Pierre Denis, director del semanario católico La Vie .

La xenofobia

A la advertencia lanzada desde Ginebra por la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, se sumó la semana pasada la condena del Consejo de Europa, que denunció "una acción capaz de atizar la xenofobia" en el país.

En Francia, otros dos representantes de la Iglesia censuraron abiertamente la actual política gubernamental. Christopher Dufour, arzobispo de Aix-en-Provence y de Arles, afirmó anteayer que "el discurso en favor de la seguridad parece sugerir que en Francia hay gente menos aceptable que otra".

Mucho más violenta fue la reacción del padre Arthur Hervet. Ese sacerdote de la ciudad de Lille (noroeste), conocido por su apoyo a la comunidad gitana, dijo incluso que rezaba para que Sarkozy tuviera una crisis cardíaca que le impidiera seguir adelante con su "guerra" contra los gitanos. Pocas horas después, Hervet pidió disculpas en un comunicado.

Los ministros de la Inmigración y del Interior, Eric Besson y Brice Hortefeux, respectivamente, multiplicaron ayer las declaraciones para justificar la política de gobierno. Para ambos no hay dudas de que la actitud de firmeza actual "reúne a los franceses", cansados de actos de delincuencia e incivilidad.

Para la oposición socialista, la política actual "sólo produce violencia", mientras que para los Verdes "provoca náuseas".

Con ese giro a favor de la seguridad, Sarkozy tenía la intención de recuperar el control de la agenda política por parte del ejecutivo, fragilizado por una serie de escándalos de corrupción. Pero el lazo establecido entre inmigración e inseguridad cayó mal.

La expulsión de los gitanos y la amenaza de retirar la nacionalidad a ciertos criminales de origen extranjero provocaron la indignación general. El derrumbe de popularidad del presidente sigue batiendo récords (entre 30 y 34%). Un sondeo del instituto Viavoice publicado ayer coloca a Sarkozy en cuarta posición entre las personalidades preferidas de los franceses para ser el futuro presidente, detrás de tres socialistas: Dominique Strauss-Kahn (44%), Martine Aubry, líder del partido Socialista (31%), y Ségolène Royal (25%). Nicolas Sarkozy reúne apenas el 24%.

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