"Te pedimos Señor que detengas a quienes están orquestando esta ley en contra de la familia", rezaba anoche un pastor frente al Cabildo, ante una manifestación contraria a la matrimonio entre personas del mismo sexo, mientras por la calle Buenos Aires entraba una columna a favor, al grito de "igualdad, igualdad, matrimonio homosexual".
Una de las manifestaciones había sido convocada frente a la Legislatura y tenía como objetivo llegar hasta el emblema de la Salta colonial, el Cabildo Histórico, a donde llegó por calle Mitre, pasando por el costado de la Curia.
La otra se reunió en el Parque San Martín -en la cuadra de los libreros- y marchó por la avenida hasta Buenos Aires y de allí a la Glorieta de la plaza 9 de Julio.
Cerca de las 21 los asistentes de ambos se entrecruzaron miradas a veinte metros de distancia. Una discreta e innecesaria formación policial hacía un cordón entre ambos, mientras las dos concentraciones elevaban el volumen de sus consignas.
Y por un par de horas, ocuparon la plaza dos Saltas diferentes, a pesar de que en los mensajes de las dos manifestaciones usaban en ocasiones los mismo términos: en ambas se ensalzó el matrimonio, la familia, el amor.
Fue la convocada en la Legislatura la más numerosa, aunque anoche los números quedaron atrás de los mensajes y de los símbolos. Allí abundaron los globos naranjas -el color elegido para quienes hicieron campaña en contra de la reforma del Código-, aunque no faltaban las clásicas banderas celestes y blancas que tendía a identificar a la Argentina con el matrimonio entre el varón y la mujer.
En la plaza San Martín, en cambio, abundaron más los instrumentos de todo tipo: bocinas, maracas improvisadas hechas con botellas plástico, y hasta alguna vuvuzela, a la vez que le daban un ambiente festivo a la marcha, intentaban hacer notar el mensaje a favor del matrimonio gay y restarle preponderancia a la otra marcha.
En la Legislatura, y en el Cabildo después, pastores y sacerdotes se mezclaron con los concurrentes sin llevar ningún signo que los identificaran como tal. En el parque San Martín sólo dos partidos mostraron pancartas, el Obrero y el Socialista. En la primera, los asistentes se hubieran podido confundir con los de una procesión del Corpus Christi, en la segunda, con una marcha de memoria y de repudio del 24 de marzo.
Fue la manifestación en contra de la reforma del Código Civil la que mostró mayor organización y también mayores recursos. Su marcha -más de media cuadra bien compacta- fue alentada desde un móvil con alto parlantes, que equiparaban la Argentina del
...matrimonio homosexual con la Argentina de la despenalización de la droga, de las adicciones, de la eutanasia. "Queremos papá y mamá" , decía una voz de un niño.
En los mensajes se identificaba a Salta con la oposición al matrimonio gay, y a la Argentina con la fe cristiana. Y abundaban las alusiones a la Biblia. Una tónica que siguieron en el Cabildo los oradores, entre los que predominaron los ministros religiosos. "El principio de la familia es el mismo Dios. Aquí se está jugando el futuro de la Nación", señaló ante una entusiasta multitud el arzobispo de Salta, Mario Cargnello.
Antes, un pastor había proclamado al Senado de la Nación, "bajo la autoridad de Dios, creador del varón y de la mujer". Alusiones similares recibían el más fervoroso entusiasmo de los concurrentes.
Mucho menos jerárquica fue la manifestación a favor de la reforma del Código. Convocada con mucho menos anticipación, la marcha no llegó a mostrar una cabeza visible, aunque dirigentes de Aludis tomaron el micrófono para guiarla hasta la Glorieta.
Mientras marchaban, los mismos manifestantes mostraban sus paradojas y rompían los estereotipos.
"Qué cosa, tanto tiempo luchando a favor del divorcio, y ahora en una marcha a favor del matrimonio", resaltaba una señora entrada en años, que en los ochenta había luchado a favor de la ley de divorcio.
En tanto, una familia entera -mamá, sus hijos, y el padre "adoptivo"- valoraban la educación que habían recibido en un colegio católico, a pesar de no ser ellos mismos católicos.
"Aunque sabían que los chicos no eran bautizados, dejaron que cursen todos los años, con la única condición de que estudien religión como una materia más. Pero hoy aquí estamos manifestándonos a favor de la diversidad de las familias, como la nuestra", decía la madre.
Antonio Soria, del Partido Socialista, fue uno de los pocos oradores que habló frente a la Glorieta. "Esta reforma es un avance y expresa la verdadera interpretación de la igualdad consagrada en la Constitución", dijo bocina en mano. Su voz apenas era audible por la potencia de las columnas de sonido instaladas frente al Cabildo, que entonces vivaban, por enésima vez, a la familia tradicional, con papá y con mamá.

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