Moyano intenta recomponer la relación con el Gobierno para aliviar su situación judicial.
A 15 días de las elecciones, y descontando como todo el mundo el triunfo de Cristina Kirchner, Moyano expresa de distintos modos la preocupación por su suerte durante la próxima gestión de la Presidenta. No lo desvela ya una cada vez más utópica reelección al frente de la CGT sino garantizarse una vida tranquila lo más lejos posible de los Tribunales. Dicho de otro modo: cuando Moyano denuncia que “en la Argentina, los únicos que van presos son los sindicalistas”, no habla solamente del “Pollo” Sobrero, de Pedraza o de Zanola.
Habla de él y de sus fantasmas.
Pese a que parece difícil, los aliados de Moyano no pierden las esperanzas de restablecer la relación con el Gobierno. “Está claro que ahora no tenemos la cercanía que tuvimos en otro momento, pero todo puede cambiar. Habrá que ver qué pasa en la Argentina y el mundo...”, le dijo ayer a este diario uno de los hombres más cercanos al camionero. Lo que insinúa es que si los efectos de una crisis económica internacional comenzaran a sentirse con fuerza en la Argentina, Moyano podría volverse necesario para ponerle un freno a futuros conflictos gremiales.
“¿Si no está el negro, quién lo podría hacer?”, se preguntó otro moyanista burlándose de los candidatos que ya suenan para reemplazar a Moyano al frente de la CGT.
Aún reconociendo que la intención es recuperar la sintonía perdida con el Gobierno, desde la central sindical negaron que el documento de ayer haya sido pensado con ese fin. Y dejaron trascender un dato que, al menos para ellos, no sería menor: mientras el texto de hace una semana cuestionando la persecución contra los sindicalistas fue redactado por el secretario de Derechos Humanos de la CGT, Julio Piumato; el de ayer tiene la impronta del más sutil Juan Carlos Schmid. Es cierto que los dos documentos llevan la firma de Moyano y también que el propio camionero calificó de “lamentable” la actitud de un sector del Gobierno en el caso Sobrero, pero algunos integrantes de la CGT reconocieron que las críticas al Gobierno pudieron haber sido excesivas. ¿En el medio existieron llamadas desde el Gobierno para quejarse? No habría que descartarlo.
Hasta ahora, la intención de la Casa Rosada sería que Moyano pueda terminar su mandato al frente de la CGT a mediados del años próximo para recién allí elegir a su sucesor. Mientras tanto, algunos ministros que supieron ser socios del camionero, serían ahora los que trabajan para aislarlo dentro del universo sindical. De hecho, habría sido con un guiño de Julio de Vido que el titular del gremio de la Fraternidad, Omar Maturano, salió a diferenciarse de Moyano al asegurar que “el Gobierno no persigue a los sindicatos”. A su modo, entre críticas y elogios, Moyano seguirá en busca de la reconciliación.






Comentá la nota