Hubo críticas a Estados Unidos por la inyección de dólares en la economía. Y China logró un triunfo diplomático para sostener el yuan. Se aceptan las “devaluaciones competitivas”.
En una victoria diplomática de inusitadas proporciones, China logró ayer impedir que triunfara la posición de los Estados Unidos en la Cumbre del G20 celebrada en Seúl y evitó que el documento final condenara la “infravaloración” del yuan. Al cierre del encuentro multilateral de dos días, los líderes del Grupo emitieron un insípido comunicado, que sólo señaló que evitarán una “devaluación competitiva” de sus monedas, y no resolvió el problema de fondo: la tan temida “guerra de divisas”.
Debilitado tras la derrota frente a los republicanos en las últimas elecciones, el presidente Barack Obama soportó las duras críticas de sus pares de Alemania, China y Brasil. Es que la canciller Angela Merkel y los presidentes Hu Jintao y Luiz Inácio Lula da Silva criticaron la decisión de la Reserva Federal norteamericana de imprimir 600 mil millones de dólares para reactivar su economía, al considerar que la devaluación de los Estados Unidos perjudicaba la competitividad de sus socios y pretendía trasladar el costo de la crisis al resto de los países.
Sin embargo, Obama negó ayer haber perdido liderazgo en el concierto internacional, al tiempo que embistió nuevamente contra Beijing. “No era más fácil conversar sobre divisas después de mi elección y cuando tenía una tasa de popularidad del 65%. Era difícil entonces y lo es ahora. Los intereses del país están en juego y esto no va a resolverse fácilmente”, admitió Obama desde Japón, donde participará del Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC).
Según el presidente estadounidense, la política monetaria china es “irritante” no sólo para su país, sino también para otros socios comerciales. Si bien Washington no logró que se condenara al régimen gobernado por Hu, puso en agenda su principal preocupación: la baja cotización de la divisa china y el desequilibrio comercial con ese país. La Casa Blanca considera que Beijing mantiene el yuan débil artificialmente para obtener una mayor competitividad comercial, mientras que China defiende sus decisiones soberanas en política monetaria. “Beijing gasta una enorme cantidad de dinero interviniendo en el mercado para mantenerlo devaluado. Es importante que pase a un sistema basado en el mercado”, aseguró Obama tras la cumbre. Además de las disputas comerciales y monetarias, la gira del jefe de Estado norteamericano también cosechó otro revés en tierras asiáticas, al frustrarse la concreción de un tratado de libre comercio con Corea del Sur.
El enfrentamiento entre China y Estados Unidos fue un síntoma que simbolizó lo que Guido Mantega, ministro de Hacienda de Brasil, llamó “guerra de monedas”. En esa misma pelea está enfrascada también la Unión Europea (UE), con Alemania a la cabeza, y Brasil. “La base del conflicto está en los desequilibrios externos que afectan a las economías más grandes. China mantiene un superávit masivo en cuenta corriente, mientras que Estados Unidos muestra un déficit gemelo. Alemania tiene un gran superávit, pero básicamente a expensas del resto de Europa”, explicó a PERFIL el economista Roberto Bouzas. “Detrás de esos desequilibrios hay asimetrías estructurales en las dinámicas de crecimiento que llevará tiempo modificar. Para que esa transición sea menos traumática es necesario la convergencia de las políticas nacionales”, completó el profesor de la Universidad de San Andrés.
Ante el fracaso del G20 para neutralizar la guerra de divisas, Obama relativizó ayer el traspié diplomático de su delegación. “Compartimos un grado de comprensión con todos los líderes, que no existía cuando yo era nuevo en el escenario internacional”, enfatizó el presidente de Estados Unidos, al tiempo que destacó que los países asiáticos querían cooperar con Estados Unidos en temas relacionados con la economía y la seguridad.
Sin embargo, los dardos más venenosos que recibió Obama no provinieron desde las otras delegaciones que acudieron a Seúl, sino de la prensa de su país, que fustigó al jefe de Estado por las escasas conclusiones de la reunión del G20. The New York Times sentenció, sin titubear, que “la visión económica de Obama fue rechazada en la escena internacional”.




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