Por Mariano GrondonaLa Presidenta ha enviado al Congreso, donde cuenta con amplia mayoría, dos proyectos de ley aparentemente diferentes, ya que uno apunta a reformar la Carta Orgánica del Banco Central y el otro, a traspasar el control de los subterráneos y los colectivos que operan en la Capital Federal al gobierno de la ciudad.
Cuando el Congreso apruebe el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, el Poder Ejecutivo podrá emitir dinero sin respaldo en forma prácticamente ilimitada, por quedar la facultad de emisión sometida enteramente a su voluntad. Si impone la ley del traspaso de los transportes a la ciudad de Buenos Aires, podrá transmitir además su enorme costo al gobierno de la ciudad.
En ambos casos, limitar la emisión sin respaldo y compartir el costo del transporte porteño con la Ciudad dependerán exclusivamente de la buena voluntad presidencial. Por un camino o por el otro, el poder de Cristina aumentará decisivamente con esta diferencia: que, en tanto que el Banco Central no se animará a ponerle freno porque su presidenta, Mercedes Marcó del Pont, le está políticamente subordinada, se supone que la Legislatura porteña, donde Mauricio Macri tiene primera minoría, sería capaz de ofrecerle alguna resistencia.
¿Cuánta resistencia? Mauricio Macri podría parapetarse detrás de la autonomía porteña, ya que, incluso en los considerandos del proyecto de ley del traspaso de los transportes, el Gobierno cita el acta acuerdo del 3 de enero de este año entre la Nación y la Ciudad, pero acto seguido intenta una interpretación unilateral de ella en virtud de la cual la determinación de cómo se hará el traspaso y quién cargará con las deudas anteriores y el costo futuro del servicio quedaría en manos del Poder Ejecutivo.
Si Macri intenta hacer valer su propia visión sobre el acuerdo del 3 de enero como un "contrato" que obliga a ambas partes, entrará en conflicto con Cristina, probablemente apoyado por una mayoría "no automática" de la Legislatura, cuyos miembros se agruparían, quizás, bajo la bandera federal. Pero en el proyecto del Ejecutivo que estamos comentando se insinúa una polémica entre ambas jurisdicciones porque, en sus considerandos, el Gobierno sostiene que la Ciudad de Buenos Aires no debería mantener el privilegio de no pagar el servicio de los transportes, un privilegio del que, afirma, no gozan las demás provincias.
La voluntad de Macri
Una y otra vez, la Presidenta ha "ninguneado" al jefe de gobierno de la ciudad, negándose incluso a recibirlo. Macri insiste, por su parte, en tratar con extrema consideración a Cristina. La felicitó cordialmente por el Día de la Mujer y recibió su proyecto de ley sobre el traspaso de los subterráneos y los colectivos diciendo que será una excelente ocasión para debatir y consensuar. Para "debatir" y no necesariamente para "consensuar", ya que Cristina se obstina en desconocerlo.
¿Hasta dónde "bajará" entonces Macri para demostrar su buena voluntad? ¿Se cierne en su horizonte, acaso, una subordinación política comparable a la que ha venido padeciendo Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires? Pero Macri se postula, al mismo tiempo, como el rival de Cristina con vistas a la elección presidencial de 2015. ¿Cómo conciliará esta elevada pretensión con sus excelentes modales de 2012?
A Macri no se le debe escapar la posible estrategia de la Presidenta a su respecto: simplemente, dejarlo sin recursos para afrontar el traspaso. Hoy la Ciudad es el único distrito que no depende de los fondos nacionales para subsistir. Si llegara a perder esta fuente de autonomía, la situación de Macri empezaría a parecerse a la de los demás gobernadores, que tienen que "ir al pie" de Cristina para mendigar ayuda. De llegarse a este extremo, que también mutila la esfera de acción de Scioli, ¿qué quedaría del desafío de Macri a Cristina en dirección de 2015?
Esta última pregunta pone al descubierto la posible intención política de Cristina: arrodillar a Macri a través de la consiguiente presión financiera, poniéndolo en el mismo plano que los demás gobernadores. Con otras palabras, lograr que no sólo los gobernadores sino también el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires quemen incienso en el altar de la Caja . ¿No ha sido acaso la meta central del kirchnerismo desde que llegó al poder en 2003 poner de rodillas a "todos" los que podrían desafiarlo? ¿No fue ésta su estrategia en la mayor batalla de todos de estos años, la lucha contra el campo de 2008, que esta vez los Kirchner perdieron al no conseguir que las retenciones lo asfixiaran?
A partir del fútbol
En su viaje hacia el poder total, es razonable suponer que la Presidenta tiene in péctore a dos eminentes rivales: Daniel Scioli y Mauricio Macri. Quizá pocos episodios la alteraron más, en los últimos tiempos, que ese nada inocente partido de fútbol que ambos compartieron. La alianza eventual entre los dos gobernadores de Buenos Aires se halla aún lejana, precisamente, por la dependencia financiera de Scioli. Si la navegación política que ha emprendido Cristina en la ciudad la llevara a buen puerto, sus dos rivales principales quedarían bajo una presión fiscal comparable, mientras que el Gobierno nacional, gracias a la claudicación del Banco Central, podría llenar su "caja" con recursos nominalmente ilimitados.
Esta observación nos conduce a una conclusión general, que surge no bien tratamos de tipificar el sistema de poder que aspira a construir la Presidenta. ¿Es este sistema de poder, acaso, la democracia? Sí y no. Sí, porque ha ganado ampliamente las elecciones. No, porque su interpretación de la victoria electoral se acerca peligrosamente a otro tipo fronterizo de democracia al que Guillermo O'Donnell le dio el nombre de democracia delegativa . Esta consiste en que, mientras las democracias normales sólo otorgan el poder por un período al que no seguirán necesariamente otros períodos similares, los promotores de la "democracia delegativa" consideran sólo a una elección, la primera, no transitoria sino "fundacional" porque calculan que, a partir de ella, pueden aspirar al poder total.
Hugo Chávez y sus acólitos latinoamericanos pertenecen a este otro tipo de democracia "fronteriza". ¿Podría sostenerse entonces que el kirchnerismo aspira a fundar en la Argentina una "democracia delegativa"? Pero este otro sistema, ¿es verdaderamente democrático? La diferencia entre las democracias delegativa y las dictaduras tradicionales es que, a la inversa de éstas, aquéllas no han llegado al poder mediante un golpe militar, como lo pretendió primero Chávez sin conseguirlo, sino mediante elecciones libres, pero la similitud entre las dictaduras militares y las democracias delegativas es que, una vez ganada la primera elección, los demócratas delegativos también buscan el poder total.
La diferencia entre el kirchnerismo y el chavismo sería, a su vez, que mientras Chávez y sus secuaces no perdieron tiempo en pasar de la primera elección a la dictadura, el kirchnerismo ha construido su poder lenta y trabajosamente desde 2003, abriendo así la posibilidad de que las fuerzas verdaderamente democráticas alcancen, finalmente, a detenerlo..




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