Con argumentos históricos y geográficos la mandataria echó por tierra el discurso británico. “No estamos pidiendo que nos den la razón, apenas que se sienten en una mesa a dialogar”, concluyó. Duras críticas al gobierno de Cameron.
No estoy acá por lo que sucedió hace 30 años, sino porque dentro de unos meses va a hacer 180 años que fuimos usurpados.” A tres décadas del fin de la Guerra de Malvinas, Cristina Fernández se transformó ayer en la primera presidenta argentina en presentarse ante el Comité Especial de Descolonización de la ONU para reclamar por enésima vez al gobierno de Gran Bretaña que se siente a la mesa de negociación para resolver el centenario conflicto diplomático.
En su alocución, Fernández planteó argumentos geográficos, históricos e incluso reveló datos sobre negociaciones diplomáticas secretas con las que salió al cruce de cada uno de los argumentos que esgrimieron los representantes kelpers en la sala y rechazó la realización de un plebiscito entre los isleños. Como contrapartida, irónica, propuso que se realizara una consulta popular en Irán o Afganistán.
Además reclamó una reforma de los organismos multilaterales para evitar el doble estándar que tienen países como Gran Bretaña que pueden incumplir las resoluciones de la ONU por integrar el Comité de Seguridad; y agradeció la solidaridad de África, América Latina y el Caribe que impulsaron ayer una nueva resolución por unanimidad en el Comité de Descolonización.
Por si hacía falta otro condimento para la memoria, fue el vicecanciller de Chile, Fernando Schmidt, quien presentó y leyó la propuesta avalada por una decena de países de la región y aprobada sin cuestionamientos por el resto de los miembros.
La resolución, ampliamente celebrada luego por el canciller Héctor Timerman durante una conferencia de prensa “pide a los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido que afiancen el actual proceso de diálogo y cooperación mediante la reanudación de las negociaciones a fin de encontrar a la mayor brevedad posible una solución pacífica a la controversia”.
La mandataria argentina cuestionó con acidez la decisión del gobierno británico de enarbolar una bandera de las islas en la sede de la administración. “Cuando veía hoy en el 10 de Downing Street la bandera que ellos llaman de Falkland sentí vergüenza ajena, porque las guerras no se festejan. Qué pensaría el pueblo alemán o la señora Angela Merkel si el 8 de mayo, fecha de la rendición incondicional alemana, ondeara la bandera alemana por debajo de la inglesa”, se preguntó Cristina frente a un auditorio nutrido como pocas veces recuerdan los asistentes habituales al Comité.
Después, Timerman rechazó la propuesta de los isleños de conformar una mesa de negociaciones. “La Argentina es un Estado soberano y sólo negocia con otros estados soberanos como Gran Bretaña”, sentenció.
La presidenta ofreció un discurso cargado de pruebas históricas, citó a José de San Martín, repasó las invasiones inglesas de 1806 y 1807 y la batalla de la Vuelta de Obligado y reveló la existencia de documentos secretos de una incipiente negociación bilateral entre el tercer gobierno del General Juan Perón y Gran Bretaña, que proponía la administración conjunta de las islas con un gobernador nombrado alternativamente por ambos países, como el más claro reconocimiento de la existencia de una disputa por la soberanía.
“Decía el vicecanciller de Chile, reanudar las negociaciones entre Argentina y el Reino Unido, nunca mejor empleado ese término porque hubo negociaciones. Se desarrollaron durante la tercera presidencia del presidente Perón. Fue con la más estricta reserva a través de lo que se denomina un papel secreto, en el cual el embajador inglés, por indicaciones del Foreing Office, toma contacto para ver si podíamos arribar a un acuerdo y hace una propuesta”, relató la presidenta, con lo que apuntó directo a uno de los argumentos de los isleños. Y en seguida reseñó que la propuesta británica incluía que las banderas de ambos países fueran enarboladas a la par, y los idiomas oficiales serían el inglés y el español; todos los “nativos” (entre comillas en el original) de las islas tendrían la doble nacionalidad; la constitución, la administración y el sistema legal tendrían que ser adaptados a las necesidades de un condominio y el gobernador podría ser designado alternativamente por la reina y el presidente de la Argentina.
Esa negociación se cortó a partir de la muerte de Perón y la interrupción democrática de la última dictadura que terminó precisamente con la Guerra de Malvinas como golpe de gracia a la aventura militar. “Qué culpa tenemos los argentinos de lo que nos pasó a partir del 24 de marzo de 1976, por eso manifestamos la necesidad de reanudar esas negociaciones”, sentenció Cristina que volvió a reclamar ayer una oportunidad para la paz.
La nutrida delegación argentina se hizo sentir al final de la exposición presidencial. En la primera fila de asientos, la escuchaban el canciller Timerman, y los ministros de Planificación Federal, Julio De Vido; de Economía, Hernán Lorenzino; y de Industria, Débora Giorgi. También estaban allí los gobernadores de Tierra del Fuego, Fabiana Ríos y de Entre Ríos, Sergio Urribarri. Un paso más atrás la representación de legisladores del oficialismo y la oposición. “No vengo sola, vengo como presidenta de la República Argentina y acompañada por la mayoría de los partidos políticos con representación parlamentaria. Están aquí duros opositores a mi gobierno, pero que conciben a la cuestión del colonialismo y de Malvinas como algo que excede lo nacional para constituirse en una afrenta al mundo por el que tantos soñamos”, señaló. Y en uno de los pasajes más emotivos, también tuvo un párrafo para los ex combatientes. “Me acompañan también ex combatientes y madres de combatientes sepultados en Malvinas y cuyos restos no han podido ser identificados aún. No son las únicas mujeres que todavía buscan a sus hijos en la Argentina también hay otras madres que siguen buscando los restos de sus hijos para ser identificados, casualmente desaparecidos en la dictadura de 1976.”
La presidenta se despidió con otro reclamo de diálogo: “No estamos pidiendo que nos den la razón, apenas nada más y nada menos que se sienten en una mesa a dialogar.” <








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