La senda está marcada: para los de acá, pesos y para los de afuera, dólares. Ahora definitivamente adentro del cepo cambiario, las provincias acaban de perder una fuente de financiamiento .
En realidad, los 255.000 dólares que Capitanich debía afrontar representaban muy poca plata, no mucho más que el costo de un departamento de tres o cuatro ambientes . Nada, comparado con la incertidumbre y la desconfianza que la operación abortada sembró en los mercados, incluso sobre la capacidad de pago de la Argentina. El gobernador podía haber conseguido fácilmente ese puñado de divisas y cumplir con las reglas establecidas en el título.
Otra alternativa consistía en que el propio BCRA hiciera una excepción, pues era bien sencillo encontrar una fórmula de escape. De hecho, según fuentes del mercado, hay empresas públicas o semi públicas qu e pueden acceder al mercado de cambios oficial.
Gabriel Mariotto, el vice de Daniel Scioli, hizo su aporte a confusión general. Creyó que lo de Capitanich era un sendero trazado desde arriba y se mandó con la pesificación de la deuda de Buenos Aires. A los tumbos y seguramente después de un reto que le llegó desde de arriba, al día siguiente reculó en toda la línea.
Aconseja alguien que asesora a provincias: “No busquen explicaciones razonables ni se embarquen en teorías conspirativas. Todo es fruto de la impericia, del miedo a tomar decisiones propias y sufrir reprimendas de la Presidenta ”. Cuenta un ex ministro que a veces acordaba una medida en la Rosada y luego, en Olivos, quedaba en nada.
Hoy mismo existen gobernadores a la espera de una autorización del Banco Central, para operaciones externas de escasa monta y admitidas por la normativa que rige el cepo cambiario.
Esta vez, de un consultor de empresas que pasó por la administración pública: “Hay funcionarios que prefieren quedarse quietos y mudos . Y unos cuantos problemas autogenerados por la propia gestión del Gobierno”.
Cualquiera que haya frecuentado despachos oficiales sabe que el temor a embarcarse en decisiones y la falta de al menos cierta autonomía están instalados hasta en los lugares menos encumbrados. Y lo conocen claramente los mandatarios provinciales, que no tienen interlocutores ni llegada a Cristina Kirchner : el jefe de Gabinete, que podría desempeñar el papel de enlace, también está afuera del juego.
Encima, las segundas líneas del Gobierno han empezado a ser copadas por dirigentes de La Cámpora, sin que se sepa si están allí para realizar tareas específicas, para controlar a otros y reportar a sus jefes o por ambas cosas.
Algo de todo eso hay en el minué que desplegaron, esta semana, un gobernador muy cercano a las preferencias de Olivos como Capitanich, los directivos del Central y Mariotto.
Sumado a otros episodios también recientes, el combo pone en evidencia descoordinación, centralización extrema y la ausencia de un comando estratégico que defina un camino preciso sobre el cual operen los ministros.
Está a la vista. No siempre con el relato alcanza, ni vale ya para tapar aquello que no puede ser ocultado .
Lo cierto es que, poca o mucha, las provincias han perdido una fuente de financiamiento atractiva para los inversores locales. De paso, los gobernadores se quedaron sin una alternativa que podía alimentar alguna independencia respecto de la Casa Rosada .
Ahora, sólo les queda la vía del crédito internacional cuando se trate de obras públicas. Y hasta ahí nomas, porque el endeudamiento debe ser autorizado por el Ministerio de Economía, o sea, por el Gobierno. Es el caso de las provincias que aguardan el veredicto del Banco Central para emitir bonos en el exterior.
El miércoles, cuando el batifondo iba en aumento, la entidad que preside Mercedes Marcó del Pont debió a aclarar que el Estado Nacional atenderá todos sus vencimientos en moneda extranjera, “independientemente del carácter interno o externo de los mismas”.
Por si no se entendió: el gobierno central tiene a mano las reservas para cubrir cualquier compromiso y las usa en grande, sin demasiadas limitaciones. Como es obvio, las provincias no están invitadas.
Los estados del interior carecen de dólares propios y si alguno los tiene son apenas un puñado. Ellos terminaron dentro de las generales de la ley, igual que cualquier particular.
Todos los caminos conducen, al fin, a la Casa Rosada, sea por plata para pagar los sueldos o reactivar obras paralizadas porque no les remiten los fondos. Allí se decide a cuál sí y cuál no , a quién mucho y quién poco , aunque haya una mayoría siempre lista a aplaudir en cada acto.
Para el caso, el gobernador de Santa Cruz antes aliado y ahora caído en desgracia. Sacudido por conflictos que pueden tumbarlo, Daniel Peralta anda rebuscándoselas como puede, últimamente desafiando al poder central.
El que viene es un año decisivo para la suerte del cristinismo y todas las baterías apuntarán hacia ese objetivo. Ni hace falta decir que los gobernadores lo saben de sobra.
Pero enfrentan un problema serio: buena parte de ellos entrará a 2013 con las finanzas exhaustas y necesitados de recursos . Tampoco hace falta decir que en Olivos conocen de sobra este cuadro, poseen una medida de cada situación y graduarán según convenga al plan.
Parecido a cuando, en la Convención Constituyente de 1992 y en pleno menemismo, Cristina Kirchner afirmaba: “Como dice el refrán, Dios está en todas partes pero atiende en Buenos Aires ”.






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