Por: Jose Angel di Mauro.Faltaban algunos meses para las primarias y un candidato importante de la oposición admitió ante DIARIO POPULAR que la Casa Rosada podía contar para las elecciones con una “bala de plata”, para el caso de que las aspiraciones reeleccionistas de Cristina se vieran comprometidas.
Esa hipotética alternativa lejos estuvo de concretarse. En ningún momento las perspectivas electorales de Cristina estuvieron complicadas, y la situación judicial del líder de los camioneros no se alteró en ningún momento, desde que el sindicalista activó todos los mecanismos de autodefensa cuando un oficio judicial suizo lo puso más que nervioso. Dicen que ese paro con movilización que había anunciado para el 21 de marzo pasado y luego frenó, fue otra de las cosas que le quedaron atragantadas a la Presidenta respecto de Moyano. En esa oportunidad, Julio De Vido -a pedido de Cristina- debió interponer sus buenos oficios, advirtiéndole al líder cegetista que se quedaría solo en caso de llevar adelante esa medida.
Cristina corroboró entonces que Hugo Moyano era un elemento que en cualquier momento podía transformarse en “hostil” y por tanto debía ser controlado, como así también la capacidad de su ministro de Planificación para ese tipo de menesteres.
Está en la naturaleza del kirchnerismo tener siempre ante sí enemigos a los que encumbra como tales para ejercer su lógica de confrontación, mientras gobierna. Una y otra vez ha proclamado su lucha contra las corporaciones, y esa entidad ha ido variando según las circunstancias. Sucedió de entrada, cuando el flamante presidente Néstor Kirchner la emprendió contra la parte más menemista de la Corte; peleó más tarde contra las corporaciones del campo y las de los medios.
Con el 54% como fenomenal respaldo, Cristina eligió a una parte del sindicalismo como adversario aún antes de asumir su segundo mandato. Citó puntualmente a gremios aeronáuticos, amenazó con quitarle la personería a uno de ellos; habló de los docentes y petroleros de su Santa Cruz en el discurso de asunción y ahora tiene en la otra vereda al moyanismo.
En el camino, también asestó una herida casi mortal al gremio con más afiliados del país y a la vez el más opositor al gobierno, UATRE, del duhaldista Gerónimo “Momo” Venegas.
Más allá del discurso ante la Asamblea Legislativa en el que daría una semblanza de lo que será su segundo mandato, las expectativas estaban puestas en las iniciativas que la Presidenta enviaría al Congreso para aprobar en extraordinarias, estrenando la mayoría abrumadora con la que cuenta hoy allí. Se sabía que obviamente remitiría el Presupuesto y las prórrogas económicas, y los otros proyectos se intuían, pero faltaba su oficialización. El paquete incluyó los proyectos sobre la distribución y comercialización del papel para diarios, y la reforma del Estatuto del Peón Rural.
No es que los legisladores se hayan encontrado con esos proyectos al día siguiente de su remisión; datan del año pasado y fueron contenidos por la oposición en las comisiones. En una semana, la nueva mayoría kirchnerista impuso con holgura esas y otras diez iniciativas, para girarlas luego al Senado, donde serán aprobadas en algunos casos más ajustadamente, pero sin mayores inconvenientes.
Un interrogante que se planteó fue cual era la premura de un gobierno que podrá gozar de una mayoría parlamentaria que hasta podrá acrecentarse, al menos en los próximos dos años. La lógica del poder del kirchnerismo avanza sobre lo seguro y quisieron estrenar con todo su poderío parlamentario y aprovechar la premura que garantiza diciembre, con legisladores apurados por terminar su trabajo antes de las fiestas.
La reforma del Estatuto del Peón Rural le quitará al gremio el manejo del poderoso Renatre, y no sólo eso: lo partirá en varias partes, pues los trabajadores rurales pasarán a ser encuadrados según la actividad que realicen.
Trascendió que Gerónimo Venegas se reunió con Hugo Moyano el viernes, pero se sabe que aún antes del distanciamiento oficial del jefe de la CGT con el gobierno habían mantenido diálogos. Haber estado ubicados en veredas políticas opuestas no afectó su amistad; vecinos -uno es de Mar del Plata y el “Momo” de Necochea-, comparten afecto e intereses en Independiente, club del que también es hincha Luis Barrionuevo. También coinciden en sus preocupaciones judiciales.
La semana terminó con el procesamiento del administrador de la obra social de Camioneros, Roberto Nieto, en una de las causas abiertas en el marco de la investigación de la mafia de los medicamentos. Desde el entorno moyanista se interpretó la medida como una réplica por la postura del jefe de la CGT, pues la causa estaba parada desde agosto.
Propios y extraños se preguntan por qué la Presidenta ha decidido jugar a fondo contra Moyano, aun cuando no le haya contestado puntualmente en forma pública. Si bien en sus discursos lo ha aludido elípticamente, la consigna que ha bajado a sus colaboradores ha sido no darle entidad al titular de la central obrera. Piensa Cristina que esa confrontación no esmerilará su imagen, al contrario.
También muchos, en el propio campo sindical, se preguntan las razones por las que el líder camionero resolvió patear el tablero. Igual, la confrontación no será inmediata: por ahora Moyano sólo ha planteado las bases de su postura y dejará que pase el verano para mover de nuevo, en su juego de ajedrez con el kirchnerismo. El jefe de la CGT imagina que el próximo año será de ajuste y la primera pelea se dará en las negociaciones paritarias. La calle es otro ámbito donde se sienten fuertes y saben que al gobierno le inquietan las movilizaciones. Pero un paso semejante no será dado ahora, frente a una Cristina que acaba de ser investida con el 54 por ciento de los votos.
No será lo mismo -dice a los suyos- cuando las boletas de servicios empiecen a llegar a partir de marzo, conjeturan.
Pero la postura confrontativa de Moyano tiene resistencias internas. Su fiel ladero Julio Piumato, un kirchnerista entusiasta que concluye todos sus tweets con la frase “a paso de vencedores”, no parece disfrutar la nueva situación; insiste en sostener que no hay una guerra entre Moyano y Cristina, pero los kirchneristas lo han tenido a maltraer estos días en las redes sociales donde es un activo usuario. Al taxista Omar Viviani se lo ve aun más preocupado y deseoso de evitar la ruptura de puentes entre el gobierno y la CGT.
La propia interna la tiene Moyano en su familia, donde su hijo Pablo se ha mostrado abiertamente confrontativo, en tanto que Facundo, flamante diputado oficialista, trata de mantener los pies dentro del plato y después del discurso de su padre concurrió a la Cámara baja para alinearse junto al resto de la bancada kirchnerista. Aunque a la hora de votar sobre el Estatuto del Peón Rural se retiró junto a Omar Plaini.








Comentá la nota