Cristina Kirchner no es kirchnerista

Por Jorge Oviedo

Con la parafernalia de medidas adoptadas apenas ganadas las elecciones parece confirmarse que acertaron quienes desde hace tiempo decían que el cristinismo es muy distinto al kirchnerismo. Los cambios en las alianzas con empresarios son muy elocuentes. El banquero Jorge Brito, el grupo Eskenazi, parecen haber pasado al disfavor presidencial, luego de grandes amistades.

Los cambios bruscos fueron típicos del kirchnerismo conducido por Néstor Kirchner. De las relaciones en extremo amistosas con George W. Bush se pasó a la escandalosa cumbre de Mar del Plata, con agravios públicos e incidentes. Cosas parecidas pasaron en la relación con Tabaré Vázquez.

Hay algunos hechos notables. El canciller Timerman allanó y embargó personalmente y alicate en mano un avión militar norteamericano hace menos de un año, pero es evidente que las relaciones con Washington cambiaron. El canciller también se reunió hace pocos días con el canciller del presidente Porfirio Lobo en Honduras. El comunicado oficial de la cancillería le dio a Timerman el poco republicano trato de "excelentísimo". Y a los pocos días se celebró el comunicado norteamericano que insta a la Argentina y a Gran Bretaña a negociar por la soberanía de las islas Malvinas. Porfirio Lobo surgió de los comicios convocados por el gobierno surgido del golpe de 2009, agriamente repudiado por el kirchnerismo, y amnistió a todos los golpistas.

Pero hay otras cosas que algunos empresarios creen que no hubieran pasado con Néstor Kirchner vivo. La primera es el obvio aumento de la influencia de La Cámpora. Otro es el cepo cambiario. También subrayan que con Néstor Kirchner no se tomaron medidas que pudieran espantar a los ahorristas y causar una fuga de depósitos. Y aunque se dejaba crecer la idea de la nacionalización del sistema bancario, nunca se dio apoyo decidido a los proyectos de ley de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central o para cambiar la ley de entidades financieras.

Para Néstor Kirchner, dice Rosendo Fraga, Hugo Moyano era un aliado y un socio político. Para Cristina Kirchner, el camionero es, en cambio, un adversario y un probable enemigo. La Presidenta no parece, por ahora dispuesta a recomponer las relaciones con viejos enemigos. Pero parece claro que ha pasado a considerar así a varios ex aliados.

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