Cristina inicia 2012 con desafíos y beneficios

Por Fernando Laborda

La licencia que se tomará la presidenta Cristina Fernández de Kirchner tras su inminente intervención quirúrgica podría ser una prueba para un gobierno donde el personalismo ha sido la regla. Pero también podría desentrañar las relaciones de poder dentro de un oficialismo en el que, por debajo de un liderazgo indiscutido, emergen grupos que, lentamente, empezarán a disputar espacios.

En el peronismo, todo proceso de sucesión es traumático. Lo que pueda suceder hacia 2015 no debería ser la excepción. Más aún, si la salud de la Presidenta pasa a ser una cuestión por demás delicada.

De todas formas, ni los pronósticos de los especialistas en oncología ni los trascendidos del propio oficialismo dan hoy por hoy cuenta de un probable agravamiento de la salud de la jefa del Estado. Todo el mundo apuesta a una operación exitosa y a que la Presidenta estará dando órdenes mucho antes de que termine el plazo de su licencia.

Aun así, los desafíos del vicepresidente Amado Boudou después del 4 de enero, cuando la titular del Poder Ejecutivo será operada, no serán menores. Es que hoy el Gobierno no tiene otro vocero que no sea Cristina Kirchner.

Ella es la única dueña del discurso oficial. En el seno de la Casa Rosada y sus inmediaciones, el silencio de los funcionarios cotiza en alza. Y quien se va de boca sufre las lógicas reprimendas.

Lo sabe bien el titular de la Unidad de Información Financiera (UIF), José Sbattella, quien días atrás dio a entender públicamente que los medios periodísticos podrían ser acusados de "terroristas" con la nueva legislación antiterrorista promulgada. Varios dirigentes kirchneristas salieron rápidamente a desmentirlo. Pero la duda quedó instalada y podría servir para intimidar a algunos medios.

Lo que señaló Sbattella no suena descabellado en la lógica K. ¿Acaso el Gobierno no ha perseguido e impuesto severísimas sanciones a consultoras e institutos de investigación privados por difundir estudios sobre el aumento del costo de vida que diferían de las tan poco creíbles estadísticas del Indec? ¿Por qué no querría hacer lo propio con los periodistas, si se trata de matar al mensajero? En todo caso, el error que cometió Sbattella fue abrir la boca.

En el orden kirchnerista, nada ni nadie puede desafiar el inflexible sistema de control de la información en el que se sostiene la figura de la Presidenta como única enunciadora. No son pocos los que piensan que la salida del Gobierno de funcionarios como Alberto Fernández o Sergio Massa obedeció más que nada a la buena relación que cultivaron con la prensa.

Cristina Kirchner arrancará 2012 con un elevado colchón de imagen positiva, cercana al 65 por ciento, más un beneficio adicional: prácticamente nadie osará cuestionarla durante su convalecencia.

Claro que ninguna fuga hacia adelante será gratuita. En febrero o marzo, el país y su gobierno afrontarán la dura realidad de una pugna distributiva, cuyo principal indicador será la negociación salarial; las consecuencias del fin de los subsidios en muchos bolsillos y en los costos empresariales; los peligros de una inflación que no cede y un riesgoso atraso cambiario; el creciente déficit fiscal y la posibilidad de que 2011 haya sido el último año con crecimiento a tasas chinas.

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