Por Ricardo Kirschbaum.Desde que estalló el escándalo del caso Ciccone, que pronto se transformó en el caso Boudou , el Gobierno estuvo negando absolutamente todo, alegando que lo que se publicaba era simplemente una campaña para desprestigiar al vicepresidente pero que el principal objetivo era Cristina, responsable de haberlo elegido para que la acompañase en la fórmula.
Boudou hacía como si tocara la guitarra con una banda de rock con una remera con la inscripción “Clarín miente” y los lenguaraces de turno, siempre prestos a halagar a la Casa Rosada, se unían en un coro indignado por la supuesta ofensa de los diarios al vicepresidente.
Pero el caso siguió creciendo, la investigación juntando pruebas de las relaciones de Boudou con el director de la ex Ciccone, aunque ambos desmentían siquiera conocerse . La ex esposa de Alejandro Vanderbroele, ex director de la imprenta, lo acusa de ser nada menos que el testaferro de Boudou.
De negar todo, el Gobierno decidió, súbitamente, intervenir la empresa y enviar al Congreso un proyecto para expropiarla.
El Senado comenzó el trámite exprés para aprobar la ley que se fundamenta en la recuperación de la “soberanía monetaria”, objetivo lo suficientemente patriótico como para ocultar un presunto caso de corrupción.
¿Cuál es la urgencia ahora si antes decían que las informaciones del escándalo eran falsas y formaban parte de una campaña? ¿Por qué no se esperó que la Justicia interviniera a la empresa por el incumplimiento del acuerdo que determinó el levantamiento de la quiebra?
La respuesta es simple y contundente: quieren cortar de cuajo con un escándalo que se les está escapando de las manos . Se expropiará una empresa de la que sus dueños son todavía un misterio, protegidos por un mecanismo de trabas para que la información sobre la sociedad controlante siga oculta .
Según la Presidenta, a ella no le importan los medios. Hace poco, mientras exhibía una tapa de Clarín que le disgustó (porque entre sus amplios saberes también está el de editora ) dijo que ella leía todo. Para medir su obsesión mediática basta con ver en acción la cadena de propaganda montada con el dinero oficial.
Ayer acusó al periodista Marcelo Bonelli de corrupción. Lo hizo a su manera, sesgada, denunciando que la esposa del periodista y un socio de Bonelli habían cobrado plata de YPF. Fue para desmentir una nota del periodista en la que informaba que el jefe de YPF había amagado con renunciar . Bonelli le responde en esta edición.
La Presidenta usó la cadena oficial para desacreditar al periodista. Es un abuso grave.
Pero no dijo todavía una palabra de las sospechas de corrupción de Boudou.
Cristina habla de todo pero de eso, no.

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