Por Fernando LabordaCon un tono casi maternal, Cristina Fernández de Kirchner buscó tranquilizarnos ante la convulsión provocada por el dólar: "Olvídense, no va a haber nada raro", afirmó, como si hoy todo fuese normal, antes de marcharse, campante, hacia las tierras angoleñas.
Al margen de la infinidad de anécdotas, fruto del malhumor de quienes pretenden sin suerte hacerse de dólares al precio oficial en nuestras grandes ciudades, el conflicto de la Argentina con su moneda y con el paradójicamente denominado Mercado Unico y Libre de Cambios, que ya nada tiene de único ni de libre, empieza a exhibir otras consecuencias.
Las trabas a las operaciones cambiarias, al igual que a las importaciones, están contribuyendo a la desaceleración de la economía y al paulatino desabastecimiento de insumos industriales y de ciertos productos de consumo.
En el primer cuatrimestre del año, el número de operaciones inmobiliarias se redujo un 11% con respecto a igual período del año anterior, según el Registro de la Propiedad Inmueble de la Ciudad de Buenos Aires. Y los permisos para la construcción han caído un 38% en el mismo lapso.
El desdoblamiento cambiario comienza a ser percibido como un dato permanente y no transitorio por las empresas y por el público en general.
El cepo cambiario está generando un efecto contrario al buscado: la pesificación a la fuerza incentiva la dolarización voluntaria.
Hay quienes no descartan que, para descomprimir la tensión cambiaria y castigar a quienes en estos días han estado dispuestos a pagar más de 5,60 pesos por un dólar, el Gobierno decida flexibilizar algo los controles en el mercado oficial y así forzar una baja del dólar paralelo o blue. Pero difícilmente esta estrategia se aplique antes de que termine este mes.
Son mayoría, sin embargo, los que piensan que el desdoblamiento llegó para quedarse y que el Gobierno será reacio a flexibilizar su posición porque necesita de las reservas del Banco Central para financiarse. Al menos esto se desprende de las opiniones que se escuchan en fuentes kirchneristas que hablan de la necesidad de inducir una "desdolarización del pensamiento". Bajo la bandera de la recuperación de la soberanía monetaria, el gobierno de Cristina Kirchner podría proponerse en cualquier momento la utopía de hacer que los argentinos dejen de pensar en dólares. Parece difícil para alguien como la Presidenta, habituada a ahorrar en esa moneda.
Ante la política cambiaria se plantea la misma disyuntiva que frente al futuro de YPF: ¿se impondrá el profesionalismo o reinarán el voluntarismo y las recetas populistas?
Las encuestas comienzan a darle algunas señales de alerta al Gobierno. No tanto por una imagen positiva presidencial que, pese a ser 24 puntos inferior a la de septiembre pasado, se mantiene en niveles sólidos, del orden del 41 por ciento. Pero sí por las percepciones de la ciudadanía sobre el futuro económico. El último sondeo de Management & Fit (1440 casos a nivel nacional medidos entre el 4 y el 7 de mayo) da cuenta de que el 47,6% de la población cree que la situación económica del país será peor o mucho peor en los próximos meses y sólo el 17,3% espera que mejore..


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