Por Natasha Niebieskikwiat.Teherán propuso reunir a los cancilleres.
La mandataria permanecía esta mañana recluida en las habitaciones del majestuoso hotel Mandarín, cerca del Central Park, aunque ante el mal ánimo argentino decidió ella misma que este año la acompañaba una mínima comitiva.
Están aquí además de Timerman, el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zanini, y María Cristina Perceval, que a quien esta semana se le ofreció ser la embajadora ante la ONU, y aceptó, por lo que llegó en carácter de designada.
Hasta anoche, Timerman que ya estaba ayer en Manhattan trabajando su otra agenda , no había contestado a la invitación que le había hecho Alí Akbar Salehi. El canciller de Mahmud Ahmadinejad, invitó a reunirse a su colega argentino, según informó esta semana un comunicado de la Cancillería en Buenos Aires, una forma de comunicar en la que evidentemente la reunión ya era un hecho.
Pero varios factores habrían puesto a Cristina a cocinar la decisión que tomará ella misma por el delicado equilibrio que debe hacer entre el diálogo para resolver un conflicto cuando un Estado así se lo ofrece (Irán), y la presión y sensibilidad de la colectividad judía -argentina y estadounidense- que da crédito a la acusación de la justicia contra un grupo de actuales y ex funcionarios iraníes de ser los autores intelectuales del atentado a la AMIA de 1994.
El año pasado, Irán envió una carta a la Argentina invitando a un diálogo superador del conflicto que mantiene las relaciones diplomáticas al nivel de encargado de negocios, aunque los vínculos comerciales volvieron a crecer a niveles históricos. También ante la Asamblea, Cristina tendió un puente al ordenar a su entonces embajador en la ONU, Jorge Argüello, no retirarse de su silla cuando hablara Ahmadinejad -como sí lo venía haciendo-, y cambió el tono del dicurso de su esposo Néstor Kirchner, quien inauguró en la ONU un duro reclamo a Teherán para que entregara a los imputados.
Esto cambió por completo la relación de Cristina con la dirigencia judía de la Argentina y también estadounidense, adversa al inicio de ese diálogo. Lo más curioso es que tampoco lo es el fiscal especial para el caso AMIA, puesto por el kirchnerismo: Alberto Nisman, quien asegura que presentará un informe con “enormes pruebas” vinculantes entre Irán y el atentado en el que murieron 85 personas. A diferencia de otros años ni DAIA ni AMIA fueron invitadas esta vez a Nueva York, aunque sí el grupo de Familiares de las víctimas del atentado que lidera Sergio Burstein.






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