Cristina y el culebrón

Por: Ricardo Kirschbaum.

El Gobierno intenta ocultar lo que ya es inocultable. Ese esfuerzo por tapar el sol con un arnero muestra la desorientación y los cambios de estrategia. Estos son tan bruscos e inconsultos que mientras un ministro está afirmando una cosa, seguramente convenida antes, otro está diciendo lo contrario, luego de consultar al que autorizó dar la versión inicial y luego mudó de parecer sin avisarle al que antes puso la cara.

Esas idas y vueltas han dejado una sospechosa serie de contradicciones que dejan una estela de sospechas que preocupan a la cúpula del oficialismo. La medida de esa preocupación ha sido el abandono de los argumentos y su reemplazo por el insulto.

Negar la existencia de una diplomacia paralela es caer en el ridículo. De Vido lo ha admitido diciendo que existía porque el embajador allí se dedicaba a frivolidades. No se explica, entonces, por qué no fue reemplazado en el acto. Sí fue removido cuando Sadous informó al ex canciller Bielsa de las “comisiones” que pedían para venderle a Venezuela. Más aún: Sadous pidió instrucciones sobre cómo actuar con funcionarios que iban a Caracas sin avisarle. Lo humillante para Sadous fue que se enteraba por los venezolanos de estos viajeros. Los documentos que hoy publicamos son elocuentes.

La inexistencia del fideicomiso es otro argumento utilizado por el Gobierno para autoexculparse. ¿Acaso Uberti y el venezolano Franklin Méndez no formaban un grupo de seguimiento del fideicomiso? Si éste no existía, ¿qué hacían?

Cristina está pagando por un sistema que se armó durante el gobierno de Néstor. Primero fue la valija de Antonini. Ahora, es el destape de ese mecanismo de comisiones, injustificable en un acuerdo de gobierno a gobierno. Alguien debería evitar que la Presidenta siga pagando por cada capítulo de este culebrón.

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