Por Julio BlanckTrepada por derecho propio en la contundente aprobación, parlamentaria y ciudadana, de la reestatización de YPF, y más allá de que los frutos verdaderos de esta iniciativa audaz se verán con el tiempo, Cristina afronta el futuro inmediato con dos gruesas ventajas comparativas: su Gobierno todavía tiene plata y ella todavía no tiene oposición . No está escrito que estas dos variables se vayan a mantener inmutables en el mediano plazo. Pero hoy es así.
Por cierto, después de los años de bonanza y reparto, el Gobierno empieza a sentir el ardor de las cuentas en rojo. Por eso avanza sobre cuanta moneda tenga a tiro, sean las reservas del Banco Central o la facturación de YPF.
Es una aspiradora que se lleva lo que hay . Cualquier cosa antes que salir a pedir plata afuera. Pero las provincias empiezan a angustiarse: Santa Cruz pagará diferidos los sueldos estatales, Buenos Aires quiere conformar con un bono a sus proveedores, en Córdoba los intendentes hablan de volver a los patacones del tiempo de las catástrofes, Santa Fe y Mendoza están pidiendo luz verde para salir a endeudarse. Y si las provincias están así, es fácil imaginarse lo que ven venir las intendencias. Mientras tanto, a Cristina la soja no le baja de 500 dólares largos la tonelada.
De la oposición qué es lo que no se ha dicho. Los que acompañaron con su voto la aprobación en general de la estatización de YPF creyeron, de buena fe, que en medio del jolgorio desatado desde el oficialismo ellos podrían diferenciar esa posición básica de lo que puede entenderse como el indulto y amnistía a la política energética de estos años y a sus responsables oficiales . Se equivocaron. Las votaciones se leen por el trazo grueso. Explicar el detalle requiere de una pasión, una precisión y una convicción que muy pocos opositores pueden exhibir.
Las encuestas confiables señalaron que la aceptación de la opinión pública a la reestatización de YPF está por encima del 60%. La política, en el Congreso, le dio a esa ley un apoyo que superó el 80% de los votos. Casi una sobreactuación.
Todos los opositores tuvieron sus razones, todas valederas, todas atendibles. Pero Cristina los untó hasta el empalago con el agradecimiento por su apoyo y de ese abrazo corrosivo no tuvieron cómo zafarse.
A los que se paran del centro a la izquierda del escenario, otra vez la jugada de Cristina se los llevó puestos.
A muchos se les confundió el discurso y la intención. Cuanto más al centro, peor. Que lo digan los radicales, que lo sufrieron como nadie.
Los del Frente Progresista que alguna vez lideró Hermes Binner, lo que quedó del Proyecto Sur de Pino Solanas, esos tuvieron menos conflicto consigo mismos: votaron por la estatización pero pidieron ir mucho más allá de lo que propuso Cristina.
En la franja que está del centro a la derecha, una vez que Mauricio Macri fijó posición todos se supieron la letra y rechazaron de punta a punta el proyecto de expropiar YPF. Macri se empeña en demostrar que sueña su destino presidencial y espera que algún día le reconozcan esta negativa de hoy. Aunque ya aclaró que no daría marcha atrás con la estatización que rechaza si el destino lo lleva hasta la Casa Rosada, en ese afán por ser previsible.
El radicalismo, que tiene más historia que nadie con la cuestión petrolera desde Mosconi e Yrigoyen a esta parte, que estuvo contra la privatización de Menem mientras muchos oficialistas estatizadores de hoy eran oficialistas privatizadores entonces , quedó embretado en su propio laberinto. Lamiendo las heridas del fracaso electoral de octubre, en plena discusión sobre el rumbo a seguir, se les entreveraron principios y oportunidad . Y en su fractura expuesta la mayoría de ellos olvidaron hablar del poder. Apenas destacó la voz del senador Ernesto Sanz diciendo que cuando al radicalismo le toque volver a gobernar querrá hacerlo con una YPF controlada por el Estado. No será mucho, pero de ilusión también se vive.
La cuestión es que Cristina venía arrastrando un pesado verano de tragedia, denuncias de corrupción, confusiones médicas y diplomacia errática. Las señales en el horizonte eran inciertas. Y en ese contexto, jugó YPF como una carta de poder .
Los opositores, casi todos, fueron espectadores o comentaristas. Por ahora en la cancha está ella sola, que se mostró una vez más como formidable amazona de la coyuntura.




Comentá la nota