Por Fernando Laborda |Alguien podría creer que la división del sindicalismo beneficiará al gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Pero lo cierto es que con una o con cinco centrales obreras, como las que se prevé que convivan desde octubre próximo, la respuesta dependerá de la situación socioeconómica.
Puede pensarse que Hugo Moyano ha quedado debilitado luego de haber sido reelegido al frente de la CGT por un congreso que es considerado nulo por el Ministerio de Trabajo y del que participó el 54 por ciento de los delegados sindicales, de acuerdo con la información provista por las autoridades cegetistas.
El líder camionero quedará al mando de una central sindical más pequeña pero también más homogénea, en la que podrá disponer medidas de fuerza contra el Gobierno con mayor facilidad que en una CGT ampliada. La amenaza de los paros y movilizaciones moyanistas seguirá inquietando a la Casa Rosada.
Los adversarios de Moyano, los llamados "gordos" del sindicalismo, podrán conformar una central obrera con el peso específico de los grandes gremios industriales, aunque sin un liderazgo claro y un programa definido por ahora.
Para la integración de la central obrera antimoyanista habrá que esperar hasta el 3 de octubre, aunque el metalúrgico Antonio Caló sigue siendo la figura con más chances de convertirse en secretario general. Se trata de un grupo liderado por algunos dirigentes con demasiados años a la cabeza de sus sindicatos, que curiosamente nunca estuvieron entre los interlocutores preferidos de los Kirchner y hasta sufrieron desprecios por parte del matrimonio que gobernó la Argentina desde 2003. Las vueltas de la política los llevan hoy a convertirse, junto con la CTA liderada por el docente Hugo Yasky y diferenciada de la conducida por el estatal Pablo Micheli, en aliados del Gobierno.
A los dos grupos en que se dividirá la tradicional central obrera se suma el de la llamada CGT Azul y Blanca, encabezada por el gastronómico Luis Barrionuevo, que intentará hacer un juego propio sin la misma capacidad de presión.
Mientras el crecimiento económico se siga desacelerando y la inflación se mantenga en los altos niveles actuales, y en tanto recrudezcan las suspensiones o los despidos, el margen de Moyano para su proyección política será mayor. Consciente de eso, el dirigente camionero advirtió ayer que hay que empezar a "repensar el voto" con vistas a las elecciones de 2013.
La suerte de Moyano parece estar hoy bastante atada a la del gobernador Daniel Scioli. La intención de una confluencia es clara al menos en las actitudes del titular de la CGT, desde que denunció que el kirchnerismo quiere dar un golpe de Estado en la provincia de Buenos Aires.
En todo caso, el primer dato irrefutable de la realidad es que los enfrentamientos en el peronismo opacan cualquier disputa entre el oficialismo y la oposición tradicional. El segundo es que la división del sindicalismo en modo alguno desplazará reclamos que van desde el aumento del mínimo no imponible en Ganancias o de las asignaciones familiares hasta el pago de deudas con las obras sociales sindicales. En todos los casos la solución sólo pasará por dinero de un Estado cuya caja no es la misma de otros tiempos y que acentuará su discrecionalidad a la hora de repartir.







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