Cristian Breitenstein asumió hace poco más de 15 días como ministro de la Producción. Intendente de Bahía Blanca reelecto en octubre, decidió aceptar la oferta del gobernador Daniel Scioli de sumarse al gabinete provincial, decisión que levantó polvareda en la ciudad.
El bahiense fue entrevistado por el diario platense El Día, con quien habló de las actividades portuarias y de la descentralización de su cartera, para lo que por ejemplo, creará una delegación en Bahía Blanca.
- Cuando Scioli le ofreció hacerse cargo del ministerio, ¿qué objetivos le pidió cumplir?
- El objetivo pasa por asumir la responsabilidad de la Provincia de ser uno de los motores más importantes de la Nación con casi el 40% del Producto Bruto total e implica mantener el empleo, si es posible incrementarlo, y tratar de que el aumento de la producción genere más recursos fiscales. Como objetivos adicionales me planteó el desarrollo del Interior, la colaboración con la industrialización de la ruralidad. Como intendente del Interior creo que se requiere de una regionalización que de hecho implica ver la posibilidad de desarrollar y achicar las asimetrías demográficas y por ende productivas. La regionalización es, justamente, uno de los proyectos centrales de Scioli.
- ¿Qué políticas prevé llevar a cabo en función de esa iniciativa?
- No todas las regiones interpretan la regionalización de la misma manera. Las más lejanas lo hacen con un mayor arraigo y mayor empatía, como el sudoeste, porque la distancia y la situación molesta de estar alejados de los centros de decisión, han hecho que interactuemos regionalmente, que generemos asociatividad y una idiosincracia propia. Tenemos muchas provincias en una. Por eso este proyecto en algunas regiones tiene más empatía que en otras y donde yo vivo tiene una fuerte preponderancia. Vamos a aguardar el año que viene la posibilidad normativa, pero de todas formas hay decisiones que la administración pública puede adoptar como la desconcentración concreta de algunos estamentos que pueden acercar el Estado a la gente. De hecho voy a abrir una delegación de este ministerio en Bahía Blanca para todo el sudoeste. Es un hecho concreto que no va a generar duplicidad burocrática, por el contrario, es reasignar un espacio que está en La Plata, derivarlo a Bahía para atender toda la problemática de la región, con un acuerdo con el municipio para tener un espacio físico y no generar mayores gastos.
-Mencionó el tema puertos, ¿qué políticas piensa instrumentar?
-Tienen sus marcadas diferencias, pero algo en común: son las puertas de entrada y salida al mundo. Las tenemos que cuidar, lo que implica dotarlos de logística y de mayor competitividad posible. Si no mantenemos ese nivel de exigencia podemos vernos perdidosos en competencia con otros lugares. Vamos a trabajar en financiamiento para todo lo que es logística, infraestructura y dragado. Habrá que ver en cada sector cuál es la ventaja competitiva, si tiene que ver con la materia prima que exportamos, con la logística que posee, con la presencia de una Zona Franca cercana.
-¿Cuál es la situación del Puerto la Plata?
La estamos analizando. Vamos a dialogar con cada sector y ver su interrelación con la Zona Franca. Propuse, y he tenido buena receptividad, la necesidad de reconsiderar la normativa en materia de Zonas Francas, porque como están hoy fueron diseñadas con otro modelo económico y otro paradigma de comercio internacional. Bien entendidas y adaptadas al modelo económico y productivo que propone Argentina, pueden ser de gran utilidad. Hoy no se pueden ingresar las mercaderías que se producen dentro de la Zona Franca al territorio. Lo que habría que pensar es si encontramos mecanismos que nos permitan sustituir importaciones y usar a la Zona Franca como estímulo a esa sustitución. Por ejemplo, si encuentro una matriz importada y puedo fabricar ese mismo producto en el territorio de la Zona Franca, sustituyo importaciones, le agrego valor, gozo del régimen favorable impositivo y me es permitido ingresar al territorio. Eso pondría a las Zonas Francas en una lógica productiva.
-¿Qué planes tiene para el Astillero Río Santiago?
- Tiene que tener mayor competitividad, mayor productividad y por ende, mayor bienestar para sus trabajadores. Ellos han sabido proteger la fuente de trabajo, han resistido intentos privatizadores en la década del `90, han generado una mística y una apropiación en el buen sentido del lugar. Entonces hay que pensar la gestión del Astillero como una cogestión donde trabajadores, Estado y por qué no el sector privado, puedan proponerse objetivos en el que el esquema sea gana-gana. Si logramos obtener contratos y cumplir en término esas contrataciones y recuperar prestigio a nivel internacional, el pleno empleo se va a consolidar, los ingresos van a mejorar y entraremos en un círculo virtuoso en el que la problemática va a ser cómo crecemos. Hoy hemos avanzado mucho y de una lógica de conflicto se ha pasado a un escenario de paz social y producción. Pero hay que pensar en una cogestión a la alemana en términos de sindicato-empresa-Estado, y que podamos plantear objetivos y cumplirlos. Y está todo dado para eso.
-¿Qué participación tendrán en su gestión las entidades empresarias?
- He tenido la mejor de la respuesta de ellas. Han podido juntarse, dirimir sus diferencias y unificar un criterio y sentarse con el ministerio a colaborar y cogestionar. Les he propuesto una asociación estratégica entre el sector público y privado, la creación de un Consejo Consultivo con profesionales de cada entidad que sean un poco un gabinete en las sombras que me acompañen en todos los temas de gestión, que brinden sus perspectivas y las podamos incorporar. Obviamente el Estado no resigna su potestad pública de decisión, pero hay muchas cuestiones que se pueden analizar globalmente desde un punto de vista sectorial, en común, que puedan compartir las distintas cámaras y entidades, y que también seamos la ventanilla única de todos los ministerios.


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