WASHINGTON.- En la batalla legislativa con los republicanos para elevar el techo de la deuda y evitar así un default, la credibilidad del presidente Barack Obama como líder está tan en juego como la alta calificación crediticia de Estados Unidos.
Aun cuando se produjera un acuerdo antes del plazo establecido que vence el martes próximo, Obama enfrenta el riesgo de ser visto como débil si se muestra demasiado dispuesto a hacer concesiones.
El fracaso político de Obama podría ser mucho mayor si no hay acuerdo. Un default y una degradación de la calificación crediticia podrían hacer caer la economía estadounidense en otra recesión, lo que amenazaría la posible reelección de Obama en 2012.
Eso hace que la crisis resulte muy difícil de capear para Obama, y da a los legisladores republicanos poder, mientras exigen enormes reducciones del gasto para levantar el límite legal de la suma que el país puede pedir en préstamos.
"Cuando uno se presenta para una reelección, quiere tener una imagen fuerte de líder -dijo Stephen Wayne, profesor en la Universidad de Georgetown-. Cuanto más tiempo demore la resolución, tanto más débil se verá el presidente."
Por ahora, las encuestas revelan que esta crisis tuvo un impacto mixto sobre su figura. Un sondeo de Reuters/Ipsos del martes pasado muestra que el 56% de los estadounidenses apoya la reducción del déficit por medio del aumento de los impuestos, como sugiere Obama.
La encuesta reveló que el 31% considera a los legisladores republicanos responsables de la impasse ; el 21% culpa a Obama y el 9%, a los legisladores demócratas.
Este punto muerto parece haber contribuido a erosionar la aprobación de Obama, que pasó de más del 50% luego de ordenar la incursión que mató a Osama ben Laden en mayo hasta el actual porcentaje que ronda el 45%. Algunos sondeos recientes han mostrado a Obama varios puntos por detrás de un inespecífico contendiente republicano.
En toda esta saga, Obama se suele mostrar como el "adulto de la sala" y pone énfasis en su voluntad de llegar a un acuerdo para evitar una catástrofe económica.
Un discurso que Obama pronunció en abril, en el que estableció los principios generales para lograr la reducción del déficit, señaló su entrada en las negociaciones del límite de la deuda, hoy tan conflictivas. Los republicanos lo acusan de no haber establecido un plan detallado.
Obama alternó entre el perfil bajo en lo público sobre el tema de la deuda y su más reciente empleo del micrófono en conferencias de prensa y el discurso dirigido al pueblo el lunes pasado.
Los asesores de la Casa Blanca creen que la decisión del presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, de no asistir a las conversaciones con Obama para negociar una reducción del déficit dejó parado al presidente como el actor más razonable de la disputa. Pero la imposibilidad de Obama de lograr que Boehner le devolviera un llamado la semana pasada podría perjudicar esa imagen.
El abandono de Boehner de la gran negociación fue un duro golpe para Obama, cuyos asesores habían esperado que un amplio acuerdo sobre el déficit le proporcionara un buen impulso entre los votantes independientes, algo crucial para sus posibilidades de reelección.
Como durante los últimos días las conversaciones se han centrado en un aumento del límite de deuda, combinado con un paquete de reducción del déficit, el protagonismo está ahora centrado en el Senado, encabezado por demócratas, y en la Cámara de Representantes, liderada por los republicanos.
El discurso del lunes de Obama procuraba contrarrestar la impresión de que lo han dejado al margen. "Si siente que estas cosas deben resolverse en el Capitolio, lo mejor es darles la oportunidad de trabajar sobre ellas -dijo Ross Baker, profesor de la Universidad Rutgers-. No hay mucho tiempo. Ese es el problema."

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