Crisis habitacional: El diálogo con la municipalidad continúa “estancado”

Las familias que conforman la asamblea Madres y Padres en Lucha no tienen diálogo con el gobierno municipal desde el principios de marzo y sus reclamos por “viviendas dignas” continúan sin respuestas. Luego de dos intentos de retomar con el subsecretario de Gobierno, Martín Aiello, el funcionario no volvió a comunicarse con ellos y la situación quedó estancada.
El Martillo, otras permanecen instaladas en el predio lindante y todos los meses pelean por bolsas de comida con el municipio. Desde mediados de enero que las familias notificaron al oficialismo sobre la problemática de las familias que carecen de una vivienda propia y ante la imposibilidad de abonar un alquiler estaban prontas a quedar en situación de calle. De hecho, sesenta ocuparon el predio del Centro Integrador Comunitario del barrio El Martillo y comenzaron a levantar precarias viviendas con los materiales que iban consiguiendo. El subsecretario de Gobierno, Martín Aiello, y la edil Débora Marrero representaban al oficialismo en las reuniones que se sucedieron y éstos, a entender de las familias, se encargaron de dilatar una respuesta y por eso se extendió el conflicto. Las denominadas mesas de trabajo y gestión dejaron de realizarse luego de tres encuentros e incluso, el viernes 2 de marzo fue el último contacto cara a cara de las partes. En aquella jornada, se había barajado la posibilidad de que el Concejo Deliberante tratara la cesión de las tierras fiscales a la asamblea pero no hubo avances al respecto. Y no hubo más charlas. Pese a dos llamados aislados de Aiello, proponiendo una nueva reunión en el municipio, no tuvieron más novedades de él ni de otro miembro del oficialismo. El representante de la cooperativa Sin Techo y de la asamblea Madres y Padres en Lucha, apodado Chavo, manifestó que “está muy estancado el diálogo con la municipalidad, porque no quieren aflojar en nada. Decidimos dejar lo que ellos llamaban toma y nosotros ocupación del espacio del CIC y mudarnos al predio lindante, pero no lo toman como un gesto político y dilatan más la cuestión en lugar de dar respuesta al problema”. Treinta y cinco familia vivieron dentro del CIC varios meses pero la dilatación de una respuesta concreta y el desgaste propio de la convivencia generó que varias de ellas se fueran, otras directamente pasaron a ocupar las casillas que pudieron levantar y en los últimos días llegaron nuevos grupos familiares en crisis habitacional. Se observan cinco precarias viviendas de madera, chapas y carteles viejos en el fondo del predio y otras más allá de lo límites del mismo. Pero el problema es uno: la imposibilidad de acceder a una casa propia. La postura de las familias está orientada a conseguir terrenos en donde puedan estar todos juntos y por eso esperan que Acción Marplatense les asegure eso. En este sentido, el vocero manifestó que “ellos lo toman como un capricho y a nosotros nos parece que es algo propio de los barrios, de la identidad de cada uno. Nosotros no peleamos por la vivienda en sí, un techo y ya está, si no que peleamos por una vivienda digna. Y parte de la dignidad es eso, el vínculo con las demás personas, queremos vivir en una sociedad mejor y desarraigándonos de nuestros barrios no nos parece que sea la solución”. PELEA CON EL MUNICIPIO POR LA COMIDA Todos los martes y jueves la asamblea Madres y Padres en Lucha se reúne para evaluar los pasos a seguir y discutir la situación. Los que se fueron regresan a ver si tienen novedades, pero poco cambió. Ya cuentan con agua potable y ellos mismos se encargaron de arreglar los baños, que pese a eso cada tanto se tapan nuevamente. La cocina se encarga de renovar la pava para los mates que acompañan las tardes mientras se espera una solución. Luego de los censos socio-ambientales, el municipio decidió enviar bolsones de comida. Pero, según lo dicho por los asambleístas, todos los meses deben insistir y “pelear” para que de nuevo les manden la comida para las familias que cuentan con varios chicos muchas de ellas. Por eso, diferentes movimientos sociales y entes desinteresados, organizaron diferentes festivales y acciones a fin de recaudar alimentos para estas familias. Más allá de la ocupación, más bien parcial en estos momentos, el Centro Integrador mantiene su actividad habitual, como ayuda escolar, mesas de lectura y charlas para madres primerizas por ejemplo. El hall central ya no luce ocupado por las madres y sus hijos o los colchones pelados que supieron decorarlo. Los más pequeños pasan las horas en la plaza que está a metros o aprendiendo los movimientos de murga mientras el bombo los acompaña en las piruetas.

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