La crisis golpea la puerta, aunque el Gobierno eluda tocar el tema

Por Alcadio Oña

“La suerte de toda la rama automotriz aparece muy ligada a la actividad brasileña”. La frase tiene el peso que le da su origen: un informe interno del Ministerio de Economía.

No será ventilado ahora, pero el documento también habla de una “ generalizada dependencia de las exportaciones industriales respecto del PBI brasileño”. Después de los autos, aparecen hierro y acero, plásticos y maquinarias.

La conclusión se cae de madura: si en Brasil la actividad económica empieza a resentirse, puntos sensibles de la industria nacional sentirán el impacto. Y el caso es, justamente, que algo así está pasando .

En 2010, el PBI de ese país había crecido un 7,5 %. Informes preliminares daban 4 % para este año, pero las proyecciones más recientes cantan 3,5 %. O sea, menos de la mitad que en 2010.

Peor está la industria, que arrojó números negativos durante los últimos tres meses y, según estimaciones de las centrales empresarias, seguirá débil por lo menos hasta fines de 2011.

Ha dejado de crear empleo y varias ramas acumulan fuertes stocks .

Ese cuadro expresa dos cosas a la vez: repliegue en la demanda interna y sustitución de producción propia por importaciones.

Y en los stock ancla, precisamente, el problema que ha surgido con las exportaciones de autos a Brasil. Más que problema, problemón, si el proceso se agudiza: la mitad de la producción local tiene por destino al socio del Mercosur. Y, encima, buena parte de todo el crecimiento industrial descansa en esa actividad.

Según los especialistas, el impacto del retroceso económico es aún mayor al de la devaluación del real en las exportaciones. El punto es que ambas cosas están ocurriendo, para redondear lo que bien puede llamarse brasildependencia.

Era conocido, hace tiempo, que Brasil podía ser uno de los canales de ingreso de la crisis internacional a la Argentina. El otro es China o, más precisamente, la soja. Para el caso, el precio del producto viene en baja y suma más del 20 % desde comienzos de septiembre .

Casi ni haría falta decir la importancia que el complejo sojero tiene como fuente de divisas: las exportaciones duplican al superávit comercial completo. Y las retenciones equivalen a un mes de recaudación impositiva.

En el mercado de la soja existe un alto componente especulativo. Si los fondos de inversión escapan en busca de refugios considerados más seguros, o simplemente se evalúa que corren riesgos, el precio cae. Eso también sucede ahora, en medio del tembladeral financiero.

Pero la Argentina no sólo está expuesta a Brasil y a la soja. En el supuesto de que quisiera tomar financiamiento externo, el Gobierno debería pagar tasas de interés mayores al 10 % en dólares. Algo semejante les pasaría a las empresas privadas. Dicho de otra manera, el crédito está bloqueado y lo estará por unos cuantos meses .

Analistas que acaban de pasar por Washington dicen que tanto en el FMI como en el Banco Mundial temen por la retracción norteamericana. Ya dan por descontado un default griego y ponen el foco en los sacudones que sobrevendrán en España e Italia.

Debió saberse hace bastante: nunca la Argentina podía estar blindada, si el centro del mundo está en el ojo del huracán.

Este escenario encuentra al país con varios flancos menos sólidos o débiles : las cuentas externas y las fiscales, el tipo de cambio erosionado por el proceso inflacionario y un stock de reservas grande, pero no igual al de otras épocas. Lo que sucede afuera y también lo de aquí explican un dato adicional: la fuerte fuga de capitales.

Nada definitivamente crítico, aunque para tomárselo bien en serio. Así sólo exista la instrucción de evitar hablar del tema, se supone que el Gobierno ha pensado como enfrentará los coletazos de la crisis internacional. Y de nada valdrá culpar a otros: Cristina Kirchner arrancará su segundo mandato con apremios adentro .

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