Hernán de GoñiHay una expectativa razonable entre los analistas de que la foto de la economía que mostrará el Presupuesto 2012 se va a ajustar mucho más que en el pasado a la realidad que proyectan los privados.
Desde los días en que Roberto Lavagna comandaba el Palacio de Hacienda, la práctica de subestimar ingresos y gastos para usar los excedentes con discrecionalidad se transformó en una rutina estratégica. Pero en esta ocasión, el 5% de variación del PBI que estima Economía va a estar mucho más cerca del número que proyectan los consultores.
Esta convergencia le dará otra relevancia a las metas oficiales. Aunque el Presupuesto valide el IPC del Indec, esta cifra solo es aceptada como el costo de vida piso (objetivo con el que el Gobierno se da por satisfecho). Por eso otros números para enfocar son el incremento de precios implícitos contenido en el PBI y la variación de la masa salarial de los estatales.
La pauta de inflación resultante será clave para ver de qué forma se proyectarán los gastos atados a esta variable (los subsidios a la energía y el transporte, por ejemplo), la recaudación tributaria (uno de los factores que define el ajuste de las jubilaciones) y la emisión monetaria. Nadie espera que se termine la guitarra, pero el resultado sería mejor si el recital presupuestario tiene una buena partitura.

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